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Hijos del limbo

Blas Fernández | 20 de abril de 2008 a las 17:24

Jóhann Jóhannsson

Jóhann Jóhannsson

Sala: Espacio Iniciarte (Sevilla). Fecha: sábado 19. Formación: Jóhann Jóhannsson (piano, secuencias); Gudmundur Kristmundsson (viola); Greta Gudnadóttir (violín); Una Sveinbjarnardottir (violín); Hrafnkell Orri Egilsson (chelo); Matthías Már Davídsson Hemstock (secuencias); Ivar Ragnarsson (visuales). Aforo: tres cuartos de entrada.

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Nacidos en los últimos años 30 o en los primeros 40, compositores como Gavin Bryars, Philip Glass o Michael Nyman, por citar sólo algunos de los más conocidos, se situaron ya a final de la década de los 60 en un curioso limbo, denostado con saña por el sector integrista del ambiente académico cuando no olímpicamente ignorado. Su pecado capital, parece ser, era recuperar la tonalidad en un escenario que la suponía superada, el de una hipotética vanguardia demasiado ocupada en mirarse el ombligo como para darse cuenta de su aislamiento, alcanzado, finalmente, tras lograr la plena perfección en su práctica onanista.

Fue en los 80, sin embargo, cuando esos compositores obtuvieron mayor repercusión. La posmodernidad desdibujaba entonces la linde entre altura cultura y cultura de masas provocando situaciones tan entretenidas como la de ver a muchos músicos pop adelantando en talento, imaginación y riesgo a los presumibles titulares del avant garde. Hijos prácticos de aquella posmodernidad, sus experimentos conectaban. No estaban solos; Bryars, Glass y Nyman, tampoco.

El músico islandés Jóhann Jóhannsson, nacido en 1969, es en buena medida hijo de aquella situación. Hombre de demostrada versatilidad -basta escuchar los discos grabados junto al Apparat Organ Quartet para comprobarlo-, pone no obstante su acento más personal en las composiciones de corte camerístico y trasfondo electrónico registradas en un puñado de discos de indudable belleza. De uno de ellos, Englabörn, publicado originalmente en 2002 y reeditado el pasado 2007 por 4AD, extrajo el repertorio que el pasado sábado pudimos escuchar en el Espacio Iniciarte, ámbito idóneo, sí, para una música de estas características, pero no en las condiciones en que el público volvió a encontrarlo: sin asientos, a no ser el del suelo de frío mármol, y con el aleatorio taconeo de algunas de las presentes incordiando una escucha que precisa atención.

Atento, no obstante, a lo que ocurría sobre el escenario, el público conectó y, pasada la timidez inicial -tres piezas sonaron sin que rompiera el aplauso-, la colorista percusión de Sálfrædingur contribuyó a relajar el ambiente y predispuso a la audiencia a disfrutar, ya sin el peso de la solemnidad, de la oferta de Jóhannsson.

El interés de ésta es evidente, tanto como sus deudas, pues el uso de las cuerdas bebe directamente de los compositores antes mencionados. Ni siquiera los pads atmosféricos o ruidistas -los últimos literalmente se comieron al cuarteto en más de una ocasión- resultan novedosos. Estaban hace ya muchos, muchos años en The Sinking of The Titanic y se han usado desde entonces en incontables ocasiones. Ni siquiera la utilización de voces vocorizadas en este contexto -en la preciosa Odi et Amo, por ejemplo- puede señalarse como especialmente original. Queda, en cualquier caso, la belleza antes señalada, la profunda melancolía de una música hermosa y, abstraído de otras consideraciones, absolutamente gozosa.

Feliz reencuentro

Blas Fernández | 20 de abril de 2008 a las 17:05

Árbol

Árbol

Sala: Espacio Iniciarte (Sevilla). Fecha: viernes 18. Formación: Miguel Marín (secuencias, melódica, xilófonos); Jordi Saludes (secuencias); Sara Pérez Fontán (violín); Bjort Runarsdottir (chelo); Suzy Mangion y Eri Makino (voces); Christian Scharmer ‘Testphase’ (visuales). Aforo: lleno.

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De las posibles combinaciones entre electrónica e instrumentación orgánica, el encuentro de las cuerdas y los sonidos sintéticos o muestreados se ha venido revelando a lo largo de los años como uno de los lugares más visitados por músicos de variopinta procedencia, ya sea desde el ámbito académico -pongamos por caso al recientemente fallecido Karlheinz Stockhausen- o desde el pop con vocación arty y no por ello con menor proyección popular-valga el ejemplo de Björk junto al Brodsky Quartet-.

El sevillano Miguel Marín, residente ahora en Barcelona tras casi una década en Londres, lleva tiempo barruntando la idea de grabar junto a una orquesta. Quería hacerlo ya en su segundo álbum, pero el proyecto, hasta la fecha, permanece aparcado, supongo que por cuestiones presupuestarias. Logró sin embargo poner en pie una excitante mezcolanza de electrónica e instrumentos y modos de la música antigua, junto a la formación valencia Capella de Ministers, cuando Bigas Luna le encargó la banda sonora para la adaptación teatral de la Comedias bárbaras de Valle, hermosas piezas comercialmente inéditas, para nuestra desgracia. Esto es, en cualquier caso, que su trabajo en este fértil terreno viene de lejos.

Así pues, resulta paradójico que en el fascinante You Travelled My Heart Inside Out, su tercer y último disco como Árbol -sólo una de las ramas en las que diversifica su incesante actividad-, las cuerdas que escuchamos sean sintéticas. ¿Por qué? ¿Otra vez el presupuesto? Habrá que agradecer entonces a la iniciativa de Espacio Iniciarte no sólo la feliz oportunidad de ver a Marín en su ciudad natal presentando dicho álbum, sino también la posibilidad de hacerlo con cuerdas reales y, más aún, acompañado por las dos voces femeninas que participaron en su grabación, la británica Suzy Mangion -colaboradora de largo recorrido- y la japonesa Eri Makino -constatación viva de la comprensible fascinación nipona de Árbol, cultivada primero a través de la admiración por la discografía de Susumu Yokota, entre tantos otros, y reafirmada después tras una estancia de varios meses en Tokio-. Termina por cerrar el círculo Testphase, autor de unos elegantes visuales en perfecta consonancia con aquello que suena.

Todos estos fueron los elementos conjugados con acierto por Marín la noche del pasado viernes, iniciada con los cortes instrumentales de You Travelled My Heart Inside Out y crecida en aplomo, confianza y brillo con cada nueva pieza. Cuando allá por mitad del concierto Suzy Mangion emergió de entre el público entonando Nomi, la partida estaba ganada. En semejante estado del bienestar, los ocasionales deslices en la afinación de Makino -día y medio de ensayo, me soplaron- no pasan de la anécdota. Así debió de entenderlo también el respetable, al que una hora supo a poco y forzó el bis.