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Siete discos a vuela pluma

Blas Fernández | 20 de septiembre de 2012 a las 7:22

En la imagen, Kieran Hebden (Four Tet).

La resaca veraniega arroja hasta estas costas un puñado de títulos notables. De la electrónica menos acomodaticia al rock visceral. Éstos son algunos de ellos.

Publicado a finales del pasado mes de agosto en descarga digital y con una edición en CD, en teoría, limitada al mercado japonés, Pink (Text) agrupa los tres maxis editados durante el último año por Four Tet -alias del simpar Kieran Hebden- bajo esa denominación y añade un par de piezas inéditas, Lion y Peace for Earth. Aún transitando por el camino abierto en su anterior largo, el fenomenal There is Love in You (2010), Hebden utiliza el house como vehículo y excusa para plantear bellas, inquietantes y, por lo general, largas incursiones en terrenos que, por asequibles, casi consiguen disimular su carácter decididamente experimental. Es electrónica con gusto por las texturas de apariencia natural, orgánica; pero lo mejor no es la piel, sino el ADN.

Mucho que se podría debatir en torno al supuesto carácter electrónico del turntablism, disciplina en la que Kid Koala nos ha dejado imponentes y numerosas muestras de una creatividad pasmosa. En 12 Bit Blues (Ninja Tune) viaja al pasado y se empapa de eso, de blues, aunque lejos de caer en un vicio insustancial antaño inherente a buena parte de esa misma escena, la de la electrónica, el canadiense Eric San rechaza de plano la idea de reconstruir géneros o estilos pretéritos bajo una estética presuntamente moderna. Justo al contrario, tira de una crujiente colección de añejos vinilos para cargar el sampler y los platos y facturar doce impecables y emocionantes cortes-collages. Cosa seria.

Permutando la visita al género por la excursión al territorio (éste, ciertamente común en la historia de la música durante el último siglo), el productor londinense Mark Lawrence, alias Mala y hasta la fecha mitad del dúo Digital Mystikz, realiza un viaje de ida y vuelta a Cuba para sumergir en presupuestos dubstep las grabaciones de campo realizadas en la isla junto al incansable aventurero sonoro Gilles Peterson, a la postre editor del álbum que nos ocupa a través su propio sello, Brownswood Recordings. Con las percusiones, físicas y virtuales, como robusto e inapelable armazón del invento, Mala in Cuba proporciona en su escucha otro periplo -en su caso, sensorial- en el que el oyente podrá adivinar una inédita Habana repleta de neblinosos callejones oscuros. No por imaginaria, desde luego, menos atractiva.

De un paisaje en penumbra parecía surgida Black City (2010), la oscura urbe habitada por las hipnóticas canciones, también con filiación electrónica, del tejano Matthew Dear. Algo de sol -tampoco demasiado, no se crea- se filtra ahora entre las vigas de sus edificios, el suficiente como para aliviar a Beams (Ghostly International) de la presumible atmósfera ominosa. Aquí los nuevos cortes inspiran con mayor ahínco ese otro aire que ya se respiraba en la entrega previa, se adaptan al formato de canción pop -en casos como el de la inicial Her Fantasy, de manera brillante e irresistible- al tiempo que gana peso el referente post-punk (dicho sea de paso, sin atisbo alguno de ánimo revivalista).

Siempre atento a su alrededor y, como atestigua su vasta discografía, predispuesto al trabajo conjunto como acicate y detonante de una nueva creatividad, el veterano David Byrne se une a Annie Clarke, alias St. Vincent, en Love This Giant (4AD), un álbum con hechuras, es un decir, de superproducción independiente -tres años de trabajo y una nómina de músicos capaz de llenar el foso de una orquesta- en el que la tejana parece encontrar el freno perfecto a su originario histrionismo -esa inclinación barroca que, para fortuna de todos, ya se diluía en Strange Mercy (2011)- y el escocés renace flamante, una vez más, al amparo de la sangre fresca. Sabiduría e ímpetu, espléndidos arreglos de metales y enormes canciones.

De arreglos majestuosos, de cómo conseguirlos, saben lo suyo Grizzly Bear. Con el precedente inmediato de un disco soberbio, Vecktimest (2009), y tiempo suficiente para planear la siguiente jugada conjunta -varios de sus integrantes andan en proyectos paralelos-, el grupo de Edward Droste, auténtico referente del rock contemporáneo y punto y aparte en la escena de Brooklyn -con todo lo que ello implica, que no es poco-, puso en circulación el pasado martes su cuarto álbum, Shields (Warp), definitivamente más comedido en sus timbres, en su despliegue armónico, y aún así -ya sabe: menos es más, aunque no siempre- tan arrebatado y atractivo como su predecesor. Otra ración de canciones inmensas (marchando).

Dejamos el final a la fiera, o lo que es lo mismo, a Michael Gira y sus resucitados Swans, nombre clave del post-punk original, vertiente árida e inclasificable, que tras protagonizar un inesperado y arrollador retorno el pasado 2010 se saca ahora de la manga este no menos sorprendente (y contundente) The Seer (Young God Records), un doble álbum abrasivo, con notables colaboraciones (Alan Sparhawk y Mimi Parker, de Low, Ben Frost y Karen O, entre otras) y una propuesta singular en forma de dilatados desarrollos (el tema que titula el disco supera los 32 minutos). A la primera da miedo, sí, pero compensa. Por cierto, lo presentarán en directo el día 9 de diciembre en el Teatro Central de Sevilla (concierto único en Andalucía).

Esa dulce agitación

Blas Fernández | 22 de diciembre de 2011 a las 8:27

Coco Beware. Caveman. Magic Man! / ORG Music. Rock. LP / CD

TV On The Radio –por supuesto–, Grizzly Bear, Yeasayer, The Shins, Arcade Fire, Animal Collective, Talking Heads… Los referentes, algunos obvios y otros más sutiles, se amontonan en la sorprendida atención del oyente durante la gozosa escucha de CoCo Beware, el largo relativo –poco más de media hora– que de golpe y porrazo pone a Caveman en un punto destacado del abigarrado mapa de Brooklyn. Y todo ello sin que el desfile de influencias reste crédito o un ápice de emoción a aquello que suena por los altavoces. Al contrario: es esa cara alquimia que consigue evocar sin llegar a identificar plenamente; ésa que concentra esencias reconocibles en un nuevo y embriagante destilado, la que sacude el entusiasmo y convierte el disco del quinteto neoyorquino en uno de los más descatados debuts del año que expira.

Con los Dirty Projectors de Bitte Orca comparte Caveman el gusto por las guitarras de inspiración africanista y las percusiones de corte tribal –ya vengan éstas de África o de la propia América–; con Fleet Foxes, entre tantos otros nombres de las últimas hornadas del indie rock norteamericano, la inclinación por las melodías angelicales a varias voces, siempre comandadas por la de Matthew Iwanusa, guitarrista y cantante principal.

Como buena parte de esa escena, Caveman también participa del inacabable ritual de invocación de espíritus del pasado –queda claro, igual que en el caso de Animal Collective, desde dónde llegan esas aludidas melodías, ¿no?–, pero sus resultados, filtrados por la óptica del presente, por sus modos y formas, debieran bastar para cerrar la boca a los cíclicos agoreros del todo está inventado ya –bastaría, claro, si tuvieran abiertos los oídos–.

http://vimeo.com/28809215

Desterrado de la fórmula aquel componente rarista que antaño parecía antojarse imprescindible, CoCo Beware –extraño guiño a la estrella de la lucha libre Koko B. Ware; vaya usted a saber el motivo– se despliega accesible y directo incluso al oyente situado más allá del impenitente círculo de rastreadores. Atención pues, porque canciones como Decide o My Time –las únicas que se permiten pisar algo el acelerador, con resultados conmovedores, en un terreno por lo general abonado a la atmósfera y el medio tiempo–; A Country’s King Of Dreams o Great LifeGreat life to live / Great life to live / It’s all you have to give / It’s all you have to give… Poco texto más requiere– bien pudieran pasar por ser el sonoro aviso de una gran aventura aún por contar. Mientras el tiempo lo decide, nos queda la dulce agitación ante el descubrimiento de un disco maravilloso.

http://vimeo.com/32613189

Un buen arreglo

Blas Fernández | 8 de junio de 2009 a las 11:31

Lane Coder

Foto: Lane Coder

VECKATIMEST. Grizzly Bear. Warp. Rock / Experimental. LP / CD

La curiosidad por comprobar en qué se concreta la colaboración entre el penúltimo chico de moda, el brillante compositor y arreglista Nico Muhly, y la banda de Edward  Droste queda colmada con la atenta escucha de esta flamante carta que Grizzly Bear se ha sacado de la manga. No son sólo los arreglos, esplendorosos, sino las canciones, limpias, cristalinas como nunca, emparentando a los neoyorquinos con unos Beach Boys de vacaciones en el trópico, con unos CSN&Y instalados en Brasil. Como solemos decir por aquí, uno de esos discos inagotables.

Ahí les dejo el clip de Two Weeks

[myspace]http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=57767579[/myspace]

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