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25 años de pop español con Jesús Ordovás

Blas Fernández | 9 de junio de 2010 a las 7:42

Jesús Ordovás en Rockola, flanqueado por Pedro Almodóvar (derecha) y el ya fallecido promotor Carlos Juan Casado.

Jesús Ordovás en Rockola, flanqueado por Pedro Almodóvar (derecha) y el ya fallecido promotor Carlos Juan Casado.

“Antes de llegar a Radio 3 estuve cinco años en Onda 2, que fue donde empezamos a programar las primeras maquetas y discos de Kiko Veneno, de Triana… Y fue, curiosamente, a través de un sevillano, Gonzalo García Pelayo, que entonces estaba produciendo a algunos de esos grupos. Él y yo escribíamos por aquella época en la revista Disco Express. Un día me dijo: “tío, voy a dejar Onda 2 y se queda una hora libre. ¿La quieres coger tú?”. Eso fue allá por el 75. Yo nunca había hecho radio, pero dije que sí, y así empecé”.

Y en efecto, así empezó una de las trayectorias más fecundas e influyentes de la radio musical nacional, ésa que matuvo durante más de un cuarto de siglo a Jesús Ordovás (Ferrol, 1947) como instigador y testigo privilegiado de la evolución de la música pop española. Al frente del Diario Pop, programa que con diversos formatos aglutinó el trabajo de periodistas musicales como Diego A. Manrique, José María Rey y Tomás Fernando Flores, Ordovás no sólo detonó y dejó constancia de aquella explosión comunmente denominada movida madrileña –cuya onda expansiva recorrió con rapidez el resto del país–, sino que además mantuvo la vigencia del espacio tomando con tino el pulso a la actualidad.

Hasta que llegó la jubilación. “Pero no echo de menos la radio –dice–. No paro de dar vuelta por toda España, dando conferencias, invitado a eventos culturales… Creo que soy una de las personas que puede contar la historia de la música pop en este país”.

Parte de esa agitada actividad responde a la itinerancia de la exposición La movida del Diario Pop, que tras algunos intentos previos y fallidos recala por fin mañana en la ciudad de la mano del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus). “Con motivo del 25 aniverasrio de Radio 3, en 2004, organizamos unas sesiones en Alicante con conciertos y mesas redondas –explica Ordovás–. Fue entonces cuando monté la exposición, que se llamó 25 años de pop con Radio 3. En lugar de devolver luego todo ese material a mi almacén, me puse en contacto con el Museo de la Música Interactiva de Málaga. A partir de ahí hemos recorrido universidades y centros culturales, al tiempo que la muestra se iba incrementando con nuevos discos, pósters, libros y otro tipo de objetos. Incluso viajamos a Manchester, a unas jornadas de cultura pop española organizadas por el Instituto Cervantes”.

La muestra reúne portadas de algunos de los discos más significativos de la música española –“desde Kaka de Luxe y siguiendo la actividad que desarrollé en Radio 3 durante 30 años”–, pósters y cartelería de conciertos, maquetas, imágenes de televisión de programas como La Edad de Oro, Auambabulubabalmbambú o FM, libros… “Por ejemplo –comenta Ordovás–, hay muchos y buenos libros sobre música española desperdigados por ahí, lanzados en su día en pequeñas ediciones de las que no se enteraba casi nadie. He reunido buena parte de ese material, que creo que muestra la grandeza de la historia del pop en nuestro país”.

Una historia, considera Ordovás, “con bagaje suficiente para que siempre haya gente que se asombre ante tantos diseños interesantes de Alberto García Alix, El Hortelano, Guillermo Pérez Villalta o Ceesepe”, autores de algunas de las más celebradas portadas de discos españoles de los 80.

La muestra cuenta con una parte central fija –“la dedicada a la movida, en la que están Almodóvar y McNamara, Alaska, Siniestro Total, Loquillo, El Último de la Fila… Todos los grandes nombres de la escena nacional”, dice Ordovás–, aunque en cada nueva parada su organizador procura “darle un toque local”.

“En Sevilla le damos mayor importancia a parte de los grupos más representativos de la ciudad, empezando por Veneno y Triana, que fueron quienes abrieron brecha tras Smash –explica–. Estarán sus discos, en el caso de Veneno, tanto la portada que fue censurada como la que luego se puso a la venta. Y así hasta llegar a Maga o a Mala Rodríguez. De esta última llevo un póster muy bonito en el que aparece ella desnuda de cintura para arriba, con el pelo cubriéndole el pecho. También hay cosas de El Colectivo Karma… Creo que están muy compensadas las grandes estrellas con los grupos más indies, como Sr. Chinarro”.

La movida del Diario Pop se inaugura mañana en el Cicus (Madre de Dios, 1). Jesús Ordovás ofrecerá una sesión como DJ a partir de las 22:30. La muestra, con acceso gratuito, puede visitarse de lunes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 22:30.

Aquí un amigo

Blas Fernández | 22 de abril de 2008 a las 10:03

José Ignacio Lapido_1

Foto: Jesús Ochando

Conocí a 091, creo recordar, allá por el año la pera -circa 1984-. Estaba a punto de publicarse su primer álbum, Cementerio de automóviles, y era uno de los grupos participantes en el concurso Alcazaba, de Jerez de la Frontera, que terminó ganando. Poco después, Jesús Ordovás, ese gran hombre, nos pasó a Eva Tovar -por entonces mi compañera radiofónica- y a mí una cassette con el master del disco. La pinchamos durante semanas, hasta que el vinilo cayó por fin en nuestras manos.

Seguí la trayectoria de la banda sin interrupción. Los entrevisté en tantas ocasiones que ni me acuerdo. Conté las idas y venidas de Antonio Arias, que acabó firmando el contrato del primer álbum de Lagartiga Nick, con Romilar-D, en un concierto-celebración de mi programa de radio, en el que también actuó otro de mis grupos españoles favoritos de todos los tiempos, Cancer Moon.

Estuve en Maracena en el 96, en el segundo de los dos célebres últimos conciertos (o sea, el último de verdad), y me alegré lo mío cuando José Ignacio Lapido, tres años después, anunció que volvía en solitario con Ladridos del perro mágico.

Desde entonces he permanecido atento a su carrera, que unas veces me ha interesado más y otras menos. En ocasiones me ha irritado su inmovilismo, supongo que pensando que me gustaría escuchar esas letras a lomos de esquemas sonoros menos trillados, pero siembre acabé encontrando alguna canción que me explicaba quién es este tipo. Sus textos sobre música, publicados hasta hace poco en Granada Hoy, donde sigue ejerciendo como columnista, me provocaban una sensación similar -rara vez escribía de algo posterior a 1980-, agravada cuando tocaba cuestiones colindantes a la música en sí misma -el negocio, la industria…-.

Él está en contra del p2p y, en general, del intercambio de archivos en internet -aunque tengo la sospecha, no sé, de que ha suavizado su postura-; yo, radicalmente a favor. Quizás por eso he preferido no tocar el tema en la entrevista que le he hecho para Diario de Sevilla a propósito de su nuevo álbum, Cartografía. Sería como discutir con un amigo de algo sobre lo que sabes que no os vais a poner de acuerdo.

Ahí la tienen…

Cartografía de la madurez

El músico granadino José Ignacio Lapido publica su quinto disco en solitario tras la disolución de 091, uno de los más elaborados de su ya larga carrera.

José Ignacio Lapido_2

Foto: Jesús Ochando

Álbum: Cartografía. Corte 2: En el ángulo muerto. Y dice: Estoy en el ángulo muerto / es el sitio perfecto / nadie me ve /Estoy fuera de juego / batiéndome en duelo / lo mismo que ayer / A solas con mis recuerdos / los falsos y los verdaderos / si no me ladraran los perros / creería que sueño / Nadie me ve. “Llevo ya muchos años ahí, nadie me ve”, bromea irónico José Ignacio Lapido. Aunque se apresura a explicar que “no es una canción sobre mi situación profesional, sobre la que no vendría a cuento escribir. Me siento en mi sitio, el que yo me he buscado y al que las circunstancias me han llevado. Y estoy a gusto donde estoy. No espero otra cosa sino hacer los discos que quiero y sentirme bien conmigo mismo”.

El músico granadino, antaño pieza clave en una banda de tan grato recuerdo como 091, acaba de poner en circulación su quinto álbum en solitario, Cartografía, como el anterior, En otro tiempo, en otro lugar (2005), autoeditado por su propio sello, Pentatonia. “Me motiva la satisfación de seguir haciendo esto -cuenta-. Hay mucha gente que ha tenido que abandonar la música por faltarle de todo a su alrededor. Ya en cierta época de 091 me di cuenta, nos dimos cuenta todos, de que no íbamos a dar ese paso a la primera división comercial. Si con La vida qué mala es no rompimos la barrera, entonces ya no iba a haber manera de hacerlo. Así que a partir de ahí te haces a la idea. Lo contrario es engañarse uno mismo manteniendo vanas esperanzas. Yo ya ni me lo planteo. Grabo mis discos haciendo válido el tópico de por amor al arte“.

José Ignacio no se queja. Sabe bien que su público no es muy numeroso, “pero sí puedo decir que es muy fiel. Siempre está ahí esperando, casi con más ansias que yo, a que salga un nuevo disco”. De hecho, esas expectativas le permiten embarcarse en un nuevo proyecto discográfico cada dos o tres años. “Puede ser necesidad expresiva, más que económica. Porque necesidad de perder dinero nunca tengo”, vuelve a bromear.

Ni resulta tan invisible como sugiere la canción del principio, sus seguidores lo saben, ni su economía bordea la ruina -“con el anterior disco salvamos los trastos”, apunta-. Hoy es otro músico con otro oficio. Escribe columnas de opinión en el diario hermano Granada Hoy y, faceta menos conocida, guiones para un culebrón de la televisión autonómica. Corte 4: Largo de contar. Y dice: Yo te hablaría del trato / que el Diablo sin duda nos ofrecerá / cuando el futuro nos dé de lado / y nos cubra la oscuridad. ¿Será Arrayán el demonio? “No, hombre, no… Arrayán hace feliz a mucha gente -dice riendo-. Llevo seis años haciendo guiones y me siento tan bien como cualquiera se puede sentir en su trabajo. Obviamente me siento más músico que guionista, pero una vez que te sacudes los prejuicios, es un trabajo más. No es como la música, mucho más creativa; somos diez guionistas metidos ahí y todos aportamos ideas. Sabes que estás haciendo un producto de consumo rápido, pero que tienes que hacerlo bien”.

Arrayán paga las facturas de sus grabaciones, gusta de decir José Ignacio, quien recupera en Cartografía cierta manera de hacer que remite a 091. Niega que sea el disco que más recuerde a su anterior grupo -“no soy tan cerebral como para decir voy a hacer un disco más o menos parecido a 091. Llega un momento en el que las canciones mandan sobre ti y todo lo que has oído, compuesto y tocado está en un sustrato inconsciente. Pero en cualquier caso, si es así no ha sido premeditado”, asegura-, aunque concede que “se trata del mismo guitarrista, del mismo compositor, así que algo tiene que haber”.

Hay más. La referida manera de hacer, sin abandonar el clasicismo rock que le es tan querido, dispone que éste sea uno de sus títulos más elaborados desde el punto de vista de los arreglos. “En eso sí estoy de acuerdo -afirma-. Ha habido un trabajo bastante importante por parte de la banda al completo. Así que en ese aspecto sí que hemos trabajado como lo hacía con 091, llevando al ensayo el esqueleto de la canción para que todos aportaran ideas. El talento de los músicos ha hecho que determinados arreglos queden como anillo al dedo. Y se nota”.

Lapido no pide más. Grabar y actuar. “Me siento músico -confiesa-. Antes de escribir guiones lo único que sabía hacer era escribir canciones e interpretarlas. Si reniego de eso, ¿qué hago en la vida? Quiero seguir así mientras las circunstancias me lo permitan”. Corte 7: Nunca se sabe. Y dice: Nunca se sabe si nuestro plan se irá por el desagüe / Si al despertarme la tierra temblará bajo mis pies / Si habrá algún santo que nos ampare / Sólo sé que estoy girando alrededor de tu corazón ayer igual que hoy / buscándole el final a una canción que tal vez no acabe / Es algo que nunca se sabe. Nunca se sabe.