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Montgomery, rumbo a Corea

Blas Fernández | 13 de septiembre de 2015 a las 5:00

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Welcome to The Montgomery Experience!
, espectáculo ideado por el músico Miguel Marín junto a las coreógrafas Teresa Navarrete y María Cabeza de Vaca, vivió un sonado estreno en octubre del pasado 2014 como propuesta inaugural del Mes de Danza de Sevilla. Casi un año después, el montaje ha crecido –“Hemos incluido partes nuevas y hemos quitado otras que, con el tiempo, mirando bien el vídeo y hablando Teresa, María y yo, ya no nos encajaban”, apunta Marín– y prepara la presentación de su versión definitiva, el próximo 4 de diciembre en el Teatro Central. Pero antes, el 7 de octubre, se verá en Corea del Sur formando parte del cartel del Performing Arts Market in Seoul (PAMS), una de las ferias más importantes del sector para el mercado asiático.

“Creemos que tenemos bastantes posibilidades de vender el espectáculo –abunda Marín–. Ya hay interés en tener una reunión por parte de promotoras chinas y taiwanesas. No es un montaje de danza contemporánea al uso. Hace poco estuvimos inaugurando el festival Eufònic, en Tarragona, y fue un pelotazo. La gente se puso loquísima y salió a bailar al final. Fue un bolo espectacular, con una energía brutal y el público muy metido en la historia. Por eso creo que es un espectáculo muy vendible: un concierto coreografiado; una banda tocando en directo un repertorio contundente, con gancho, y con bailarines. No es un montaje conceptual para el que necesites estar muy metido en el tema de la danza contemporánea. No. Lo que te está contando te da ganas de bailar”.

En efecto, el concepto parece a priori tan sencillo como arrollador: una actuación articulada en torno al álbum It’s Happening de Montgomery –la banda con la que Marín volvió al rock y a su ciudad natal tras largo tiempo centrado en la producción de sutil música electrónica como Árbol– arropada por un cuerpo de baile. Sin embargo, detrás hay trabajo concienzudo y mucha experiencia. Junto a la de los bailarines, la acumulada por Marín en sus numerosas composiciones para coreógrafos europeos. Y el resultado salta tanto a la vista como al oído. “La del PAMS es una convocatoria abierta, pero nosotros no nos presentamos –explica–. Lo hizo la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza (Feced), que presentó su catálogo de propuestas con espectáculos de toda España. Luego es una comisión del festival la que elige entre las ofertas llegadas de todo el mundo. Vieron los vídeos y nos escogieron. Ya digo que es un espectáculo muy potente, la música en directo tiene un empuje muy fuerte”.

montgomery_n2El tándem integrado por el grupo y la Compañía Teresa Navarrete será la primera presencia andaluza en la feria en sus 25 años de historia, empresa para la que han tenido que recabar apoyo de diversas entidades e instituciones: la Asociación Andaluza de Profesionales de la Danza, el Instituto de Comercio Exterior, de Acción Cultural, Feced… Aún así, “tendremos que poner dinero de nuestro bolsillo. Mover a 12 personas es complicado. Vamos todo el grupo más Bjort Runarsdottir, la chelista que toca conmigo en Árbol; llevamos a nuestros técnicos, Benito Jiménez y Marcos Muniz, que sustituirá a Javi Mora, y el cuerpo de baile: Nando Pérez, María Cabeza de Vaca, Laura Morales y Greta García Jonsson –las Hermanas Gestring–, Silvia Balbín… Teresa no puede venir porque tiene muchos compromisos en el Conservatorio”.

La nueva versión de Welcome to The Montgomery Experience! ha experimentado su proceso de pulido durante una semana de residencia, la última del pasado agosto, en el propio Teatro Central, lo que ha permitido a sus artífices ajustar con precisión el espectáculo al espacio que acogerá el reestreno. “Lo que tenemos planeado va a ser bastante bestia –dice Marín–. Vamos a cambiar parte de la disposición del graderío. El trabajo de Benito en la iluminación también es nuevo. Cuando lo presentamos en el Teatro Alameda, en el Mes de Danza, no dispuso ni de demasiado tiempo ni de demasiados medios. Además, la semana de residencia nos ha ayudado a crear una coreografía más definida. Hay música nueva y mayor interacción entre bailarines y músicos. Teníamos muchas ganas de meternos en eso. Cada vez me interesa más romper esa barrera entre músicos y bailarines: nosotros tocamos aquí y ellos bailan allí… No es que el músico tenga que ser en el espectáculo otro bailarín, pero sí otro intérprete. Eso lo está haciendo muy bien Niño de Elche. Creo que por eso están contando con él en tantas producciones: no sólo es un cantaor, es también un actor”.

¿Se corre el riesgo de que Welcome… termine fagocitando el trabajo de Montgomery como banda? “Creo que lo enriquece –considera–. Es más, igual me equivoco, pero hay gente que está descubriendo al grupo por el espectáculo. Nos ocurrió en Tarragona: había gente del mundillo musical, conocidos, que no tenía ni idea de la existencia de Montgomery; que pensaba que era un grupo creado para el espectáculo, parte de él. Se sorprendían de que hubiéramos sacado un disco. Pues sí: somos un grupo, tocamos en festivales y en lo que sale. Estoy tan vinculado al mundo de la danza que me pasan estas cosas. Ahora mismo estoy haciendo música para tres compañías. Antes me llamaban mucho de Inglaterra, ahora, también, de Eslovaquia, de Hungría… Hace poco estuve en Croacia… Espero que no me encasillen, porque también hago otras cosas. Ahora estoy con la banda sonora de una película de producción mexicana, Vive por mí, de Chema de la Peña. Queremos acabarla antes de final de año”.

Con un puñado de proyectos siempre en la recámara –2016 nos traerá un nuevo disco de Árbol– y una agenda apretada –el 18 de este mes estará en el CAS con Salón Otto, de la Compañía Teresa Navarrete; el 29 en la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca con T.T.T.T.T.T., de la Compañia Guy Nader y María Campos; el 7 de octubre en Seúl; del 23 al 25 en el Mercat de Les Flors de Barcelona de nuevo con T.T.T.T.T.T., espectáculo que mediados de noviembre viajará el festival Moving Futures de Amsterdam; el 31 de octubre en el Teatro Echegaray de Málaga cerrando la gira de Salón Otto; el 4 de diciembre en Sevilla…– casi se explica la escasa, puntual presencia de Montgomery sobre los escenarios. “Hay temas nuevos hechos para el espectáculo que queremos grabar, pero creo que de momento sitúo a Montgomery como parte del montaje –confiesa–. Y estoy contento con que adquiera ese rol, porque… Verás, hace poco nos llamaron para inaugurar una nueva sala en Sevilla. Nos dijeron: No pagamos, pero os hacemos un vídeo. ¿Un vídeo? Pensé: Me lo das en un un pen o un CD y le digo a mi hija: Toma, es la comida de hoy. Es de risa”.

*Las fotos que ilustran la entrevista son obra de José Toro; los vídeos fueron realizados por Mes de Danza TV

“Veo más espectáculos de danza contemporánea que conciertos”

Blas Fernández | 28 de septiembre de 2014 a las 5:00

De izquierda a derecha, Jesús Bascón, Amanda Palma, Miriam Blanch y Miguel Marín, la formación de Montgomery. / Maria Meler

De izquierda a derecha, Jesús Bascón, Amanda Palma, Miriam Blanch y Miguel Marín, la formación de Montgomery. / Maria Meler

Integrante de la banda británica Piano Magic durante los primeros años de la pasada década, el músico sevillano Miguel Marín abandonó Londres poco después de iniciar trayectoria en solitario como Árbol, el alias bajo el que ya ha editado cuatro discos de hermosa música introspectiva con la electrónica como principal herramienta. Instalado en Barcelona hasta el pasado 2012, y tras un curso en Menorca, Marín volvió a su ciudad natal en 2013. En todos estos años ha creado también numerosas bandas sonoras de cine y teatro (para el desaparecido Bigas Luna firmó la de la película Son de Mar y las Comedias bárbaras de Valle Inclán), exposiciones, espectáculos multimedia y, una debilidad confesa, coreografías de danza contemporánea. Desde 2007 colabora de manera asidua con la bailarina Teresa Navarrete, codirectora junto a María Cabeza de Vaca de Welcome To The Montgomery Experience, el espectáculo que el próximo 30 de octubre inaugurará en el Teatro Alameda una nueva edición del Mes de Danza, amén de germen de su nuevo grupo (completado por Miriam Blanch al bajo, Amanda Palma a la batería y Jesús Bascón a la guitarra y teclados), también de un disco a la vuelta de la esquina.

–¿Qué lo trajo de vuelta a Sevilla?

–¿El porqué? Primero porque llevaba fuera veinte años y ya tenía ganas. Uno llega a los 40 y le interesan otro tipo de cosas. Lo que me pedía el cuerpo era vivir bien, y aquí se vive bien con poco. Desde luego, también influye el hecho de haber tenido una hija, el estar más cerca de la familia y que te puedan echar una mano. Todavía me toca viajar un montón… Volví no hace ni un año. Los seis primeros meses estuve en Espartinas, en el pueblo. Me pillé una casa allí, monté el estudio… Pero estar bajando todo el tiempo a Sevilla con el coche era complicado, así que terminé viniendo al centro. Ahora tengo un local para el estudio y los ensayos.

–Tras tantos años componiendo en solitario música de carácter eminentemente electrónico, sorprenden otros retornos: al formato banda, con Montgomery, y a una sonoridad más rock…

–En el último espectáculo que hice con Teresa Navarrete inventamos el personaje de Montgomery. Y lo hicimos con esta música, que me apetecía mucho tocar en directo, con banda. Además, me apetecía también despreocuparme del hecho de tener que estar a cargo de todo, como me ocurre con Árbol. Quería cantar y olvidarme un poco de lo demás. Cuando volví a Sevilla todo fue muy rápido. Montamos la banda y empezaron a salir conciertos. Por un lado, una banda da muchos dolores de cabeza, porque a la hora de tomar decisiones es problemático poner a todo el mundo de acuerdo, pero cuando empieza a sonar, cuando ese sonido es bueno, entonces una banda te empuja.

–¿Y en qué punto está Árbol?

–Ahora, sobre todo, estoy poniendo mi energía en Montgomery y en los encargos que me hacen pare cine, teatro, danza… He acabado la banda sonora de la nueva película de Chema de la Peña, Me amarás sobre todas las cosas, que va al Festival de Berlín. Este tipo de encargos son mi trabajo. Pero con Árbol comenzaré a grabar un disco nuevo a final de año, para que salga a mitad de 2015.

–Y además habrá disco de Montgomery…

–Sí, ya está terminado. Se titula It’s Happening, lo editará Meridiana en vinilo y CD y saldrá coincidiendo con el Monkey Week, donde tocaremos el domingo 12 de octubre. Hemos enfocado el disco desde una perspectiva más electrónica, pero el directo es más orgánico, más espectacular.

–Esas canciones son justo la base del espectáculo que han preparado para inaugurar el Mes de Danza…

–Le presenté la propuesta a María González, la directora del festival, y le gustó. Se trata de hacer un concierto de Montgomery con seis bailarines que recrean una fiesta muy exclusiva con estética de los años 50. Y hay interacción entre músicos y bailarines: yo hago algún movimiento y algunas bailarinas hacen coros. Haremos dos días, el 30 y el 31.

–Después de tanto tiempo viviendo en Londres, en Barcelona, en Menorca… ¿Cómo se ha encontrado la escena sevillana?

–Bueno, discrepo del concepto de escena aplicado a una ciudad, pero lo que sí veo es que hay mucho movimiento de grupos, seguramente mucho más amplio de lo que yo conozco. Sí observo que hay mucha gente haciendo la misma música que hace veinte años, cuando me fui. Al fin y al cabo, Sevilla es una ciudad muy rockera. Pero también hay un gran movimiento en torno a la danza y al multimedia que no es tan visible como debiera. También veo que hay mucha gente organizando cosas, así que no entiendo ese victimismo respecto a Barcelona o Madrid. Créame, hay sitios en España mucho peores que Sevilla. Yo sigo haciendo música, pero estoy más metido en el tema de la danza contemporánea: veo más espectáculos de danza que conciertos.

–Residió en Barcelona durante muchos años. ¿Notó cómo crecía el movimiento soberanista?

–Lo he notado más cuando he vuelto luego a dar algún concierto o a visitar a la familia, porque mi chica es de allí. Pero depende mucho de los círculos que frecuentes. Cuando yo voy me muevo con gente allí y algunos de ellos ni siquiera se creen lo que está pasando. Así que hay quien no está metido para nada en esa historia y, por contra, otros que sí lo están. Lo cierto es que dependiendo de por dónde te muevas, el ambiente se ha vuelto un poco tenso, con alguna gente muy obsesionada. Yo no he llegado a vivirlo allí, porque dejé Barcelona hace dos años, y todo esto ha crecido, sobre todo, en el último. Pero me llama la atención ir allí a tocar y encontrarte con amigos o conocidos que antes no sacaban este tema y ahora sí lo hacen. Y lo hacen además sacando una vena nacionalista que antes no veías en ellos. En parte, creo que los entiendo: es importante que puedan decidir. Y creo que hay mucha gente que no votaría o votaría que no. No hay una mayoría tan clara como a veces parece. La gente está también muy quemada con la propia política catalana y no se cree nada de nadie. Lo que ha pasado con la oferta cultural, por ejemplo… Ha bajado muchísimo. Barcelona ya no es lo que era ni se mueve tanto como antes.

Feliz reencuentro

Blas Fernández | 20 de abril de 2008 a las 17:05

Árbol

Árbol

Sala: Espacio Iniciarte (Sevilla). Fecha: viernes 18. Formación: Miguel Marín (secuencias, melódica, xilófonos); Jordi Saludes (secuencias); Sara Pérez Fontán (violín); Bjort Runarsdottir (chelo); Suzy Mangion y Eri Makino (voces); Christian Scharmer ‘Testphase’ (visuales). Aforo: lleno.

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De las posibles combinaciones entre electrónica e instrumentación orgánica, el encuentro de las cuerdas y los sonidos sintéticos o muestreados se ha venido revelando a lo largo de los años como uno de los lugares más visitados por músicos de variopinta procedencia, ya sea desde el ámbito académico -pongamos por caso al recientemente fallecido Karlheinz Stockhausen- o desde el pop con vocación arty y no por ello con menor proyección popular-valga el ejemplo de Björk junto al Brodsky Quartet-.

El sevillano Miguel Marín, residente ahora en Barcelona tras casi una década en Londres, lleva tiempo barruntando la idea de grabar junto a una orquesta. Quería hacerlo ya en su segundo álbum, pero el proyecto, hasta la fecha, permanece aparcado, supongo que por cuestiones presupuestarias. Logró sin embargo poner en pie una excitante mezcolanza de electrónica e instrumentos y modos de la música antigua, junto a la formación valencia Capella de Ministers, cuando Bigas Luna le encargó la banda sonora para la adaptación teatral de la Comedias bárbaras de Valle, hermosas piezas comercialmente inéditas, para nuestra desgracia. Esto es, en cualquier caso, que su trabajo en este fértil terreno viene de lejos.

Así pues, resulta paradójico que en el fascinante You Travelled My Heart Inside Out, su tercer y último disco como Árbol -sólo una de las ramas en las que diversifica su incesante actividad-, las cuerdas que escuchamos sean sintéticas. ¿Por qué? ¿Otra vez el presupuesto? Habrá que agradecer entonces a la iniciativa de Espacio Iniciarte no sólo la feliz oportunidad de ver a Marín en su ciudad natal presentando dicho álbum, sino también la posibilidad de hacerlo con cuerdas reales y, más aún, acompañado por las dos voces femeninas que participaron en su grabación, la británica Suzy Mangion -colaboradora de largo recorrido- y la japonesa Eri Makino -constatación viva de la comprensible fascinación nipona de Árbol, cultivada primero a través de la admiración por la discografía de Susumu Yokota, entre tantos otros, y reafirmada después tras una estancia de varios meses en Tokio-. Termina por cerrar el círculo Testphase, autor de unos elegantes visuales en perfecta consonancia con aquello que suena.

Todos estos fueron los elementos conjugados con acierto por Marín la noche del pasado viernes, iniciada con los cortes instrumentales de You Travelled My Heart Inside Out y crecida en aplomo, confianza y brillo con cada nueva pieza. Cuando allá por mitad del concierto Suzy Mangion emergió de entre el público entonando Nomi, la partida estaba ganada. En semejante estado del bienestar, los ocasionales deslices en la afinación de Makino -día y medio de ensayo, me soplaron- no pasan de la anécdota. Así debió de entenderlo también el respetable, al que una hora supo a poco y forzó el bis.