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La cansina coalición

Blas Fernández | 19 de junio de 2008 a las 10:48

Ineludible la entrada que David Bravo ha colgado en su blog en referencia a la entrevista a Denis Olivennes, “el tipo simpático que ha impulsado la ley francesa que pretende desconectar a los usuarios que se descarguen música de Internet”, que publica hoy El País. No se pierdan ninguna de las dos, porque al menos con una de ellas podrán echar una risas al leer cosas como “la piratería no es un problema para Radiohead ni para Prince, sino para los jóvenes artistas”.

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Hablando de la revolución digital

Blas Fernández | 14 de mayo de 2008 a las 10:07

Muf08

Tras varios conciertos previos y un ciclo de documentales musicales, la segunda edición del Músicas Urbanas Festival de Huelva entra mañana en su fin de semana grande con una serie de actuaciones de diverso pelaje y un ciclo de conferencias en el que, miren por dónde, participará un servidor.

El tema de mi charla (llamarla conferencia se me hace un poco cuesta arriba) será El pop en la era digital, y en ella pretendo abordar los cambios que para el bien general, y para el mal particular, han deparado al panorama musical internet y la popularización de las herramientas digitales. Voy a procurar hacerlo partiendo de cuatro escenarios muy concretos: ¿cómo ha afectado esta revolución a los músicos, al público, a la industria discográfica y a los medios de comunicación?

Mi charla será la tercera de una terna que incluye a Fermín Lobatón (Diálogos entre el jazz y el flamenco; jueves 15) y Félix Allueva (El nuevo rock en Iberoamérica; viernes 16). La mía será el sábado 17. Todas se celebran a las 19.30 en la Sala de Exposiciones de Cantero Cuadrado (Doctor Cantero Cuadrado nº 6) y la entrada es libre hasta completar aforo.

Organizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, en colaboración con Cajasol, la Diputación de Huelva, la Universidad de Huelva y el Instituto Andaluz de la Juventud, el MUF ofrecerá los siguientes conciertos:

Jueves 15: Omar Sosa y Dave Holland & Pepe Habichuela.

Viernes 16: Dj Olive & Vj Mongo y 12Twelve.

Sábado 17: Lucas 15 y Paul Colllins Beat.

Todos las actuaciones se celebrarán en la Sala Cantero Cuadrado (Universidad de Huelva) a partir de las 21.00. Las entradas diarias cuestan 10 euros.

Off-topic: Los del equipo de mantenimiento de blogs del Grupo Joly me comunican que están implementado un nuevo filtro anti-spam y que esta medida está provocando que algunos de vuestros comentarios no puedan ser enviados, que no entren en las correspondientes entradas o que no queden reflejados en el contador de Últimos comentarios. Están trabajando en ello. Paciencia.

Los años de la luna en cáncer

Blas Fernández | 1 de mayo de 2008 a las 13:47

Cancer Moon

Josetxo Anitua (izquierda) y Jon Zamarripa (derecha).

Como desgraciadamente ya apunté en otra entrada de este blog, el pasado martes 22 de abril falleció en Bilbao a los 43 años de edad Josetxo Anitua, quien fuera cantante, letrista y compositor de Cancer Moon, una de las bandas más apasionantes, también injustamente semiolvidadas, del rock español de los 90. Con tres álbumes publicados en un periodo de cuatro años -Hunted by The Snake (1990), Flock, Colibri, Oil (1992) y Moor Room (1994), amén de varios temas dispersos en distintos recopilatorios-, el grupo, integrado en primera instancia por Anitua, el implacable guitarrista Jon Zamarripa y el hoy también desaparecido baterista Jesús Suinaga, supuso una especie de bisagra entre el eco ya remoto y desgastado de la sacudida pop que vivió España en los 80 y la por entonces todavía balbuceante eclosión indie, en primera instancia hinchada gracias a una crítica más entusiasmada por la posibilidad de cambio que vislumbraba que por los resultados reales de sus protegidos, quienes, contados con los dedos dos manos, aún tardarían tiempo en ofrecer discos con auténtica enjundia.

Situados en tierra de nadie, un terreno apenas compartido entonces por nombres como The Pantano Boas, Los Bichos y los Surfin’ Bichos, los integrantes de Cancer Moon, pronto reducidos al núcleo Anitua-Zamarripa junto a músicos de apoyo, experimentaron un desmoralizante rosario de idas y venidas por distintas discográficas -una por cada álbum-.

Ese detalle, sin embargo, apenas dejó mella en sus trabajos, imponentes colecciones de rock indómito oteando siempre las posibilidades experimentales del ruido eléctrico, aunque sí legó, por contra, un posterior efecto nocivo para la historia del rock de este país: ninguno de aquellos sellos, unos fruto de la despistada ambición comercial y otros del sincero ardor del fan, existe hoy en día; el resultado, puede imaginarse, es que toda la discografía oficial de Cancer Moon está descatalogada y que aquellos títulos emblemáticos sólo pueden adquirirse, con suerte, en tiendas de segunda mano, ferias de coleccionistas o recurriendo al bendito p2p.

Ello explica en buena medida el porqué del desconocimiento que aún en 2008 persiste respecto a una banda de semejante calibre y de tan decisiva influencia entre las generaciones de músicos y aficionados que la sucedieron, generaciones a las que debe resultarles difícil sospechar, a no ser que recurran a las hemerotecas, el impacto que en su momento provocó a los melómanos rock españoles la publicación de Hunted by The Snake.

Hunted by The Snake
Hunted by The Snake

Polar Records. 1990. LP / CD.

Una guitarra distorsionada y ululante nos daba la bienvenida en Ramblin’; luego, el contundente redoble de Suinaga y la voz de Anitua (Oh ramblin’ / Yes I do / Oh ramblin’ / That’s for truth / I could eat you like a ham) restallando en los oídos. “Perdón, ¿dices que son de aquí?”. La pregunta resultaba inevitable, pues hasta ese momento ningún disco español provocaba la duda de manera tan incontestable. Hunted by The Snake (Haunted, según el lomo de la edición en vinilo) no sólo soportaba las comparaciones foráneas, sino que le hablaba de tú a tú a sus coetáneos europeos y norteamericanos marcando el punto de fuga del rock underground contemporáneo español.

Pero Ramblin’ apenas es el principo. El muro de guitarras levantado por el maestro Zamarripa en Tell Me The Secret; las fieras espirales de (Feedback) The Iron Need, el puñetazo seco de Cruella Devil… Todo en Hunted by The Snake, una venenosa y adictiva mezcla de noise-rock, garage-rock y pop psicodélico que ya flirtea con la vocación experimental de sus creadores, va creciendo ante los incrédulos oídos del espectador hasta el lacerante bucle final de Voice of The Sax (bucle sin fin real en la edición en vinilo; en el formato CD se añadió como coda una versión de Iggy Pop, I Need Somebody).

La producción de Jaime Gonzalo, codirector de Ruta 66, fue en su momento denostada por el grupo, aunque contemplada en la distancia quizás resulte que aquella polémica respondiera más a la extraña situación de Cancer Moon en Polar Records, división de pruebas rock de un sello especializado en megamixes, que al trabajo de Gonzalo, que aguanta sin perder empuje el paso de los años.

Flock, Colibri, Oil
Flock, Colibri, Oil

Munster Records. 1992. LP / CD.

Tras resolver no pocos problemas contractuales, Anitua y Zamarripa, ya sin Suinaga y flanqueados por músicos de apoyo, recalan en la entonces pujante independiente Munster Records con la esperanza, vana, de recibir un trato mejor. Apenas cuentan con cuatro días, entre el 16 y el 19 de abril, para registrar su segundo álbum en un estudio de Burdeos. Y pese a todo, Flock, Colibri, Oil vuelve a desplegar una fascinante colección de canciones en la que, junto a las andanadas tan propias de Cancer Moon -de las que ya avisa el primer corte del disco, Solution (Mooncycle)-, gana peso ese componente ensayístico siempre presente en sus trabajos. Indians, registrada en un cuatro pistas casero, White Sky, Ink o Folks dan fe de ello. La edición en CD incluyó dos temas extras, ambos versiones, Human Jukebox, de The Scientists, y Girl#, de Suicide.

Moor Room
Moor Room

Radiation Records. 1994. LP / CD.

Instalados en Radiation Records, Anitua y Zamarripa parecen por fin disponer del tiempo y la calma suficiente para afrontar una grabación sin demasiadas presiones. Moor Room, mejor disco nacional del año para la revista Rock de Lux, tiende a considerarse su álbum más equilibrado, quizás por condensar en su docena de canciones todas las vertientes exploradas por el dúo en las entregas previas desde una perspectiva más madura y con mayor oficio. Todo está en él, la entrega de Josetxo al agarrarse al micro y dejarse el alma en unas melodías de oscuro atractivo y la imaginación de Jon tejiendo capas y capas de guitarras de las que sobresalen en los momentos precisos arrolladores riffs; la rabia -Girls Hangin’ Round, Sweet, Sweet Cake, Lie, Stupid Pumpgirl, In a Hurry- y la dulzura -I’m Head Down, Caster, Blue Sky y la impresionante Stone of Head-, la desazón -Daniel Boone, Wolf of Cool- y el toque marciano -Risin’-.

Y después de Moor Room, el silencio, o casi. Anitua, DJ residente en uno de los locales más conocidos de Bilbao, el Kafe Antzokia, siguió vinculado a la música tanto a través de variadas colaboraciones -entre otras con Le Mans y Single, además de un álbum de versiones junto a Atom Rhumba- como de proyectos propios -Josetxo Grieta-. Con su muerte el rock español pierde a uno de los personajes más notables e inquietos, amén de afables, de su historia. Otra pregunta inevitable. ¿Se le ocurrirá ahora a alguien reeditar los discos de Cancer Moon?

Una última sugerencia. Para profundizar en la historia de la banda resulta sumamente recomendable, por no decir indispensable, visitar esta web.

Aquí un amigo

Blas Fernández | 22 de abril de 2008 a las 10:03

José Ignacio Lapido_1

Foto: Jesús Ochando

Conocí a 091, creo recordar, allá por el año la pera -circa 1984-. Estaba a punto de publicarse su primer álbum, Cementerio de automóviles, y era uno de los grupos participantes en el concurso Alcazaba, de Jerez de la Frontera, que terminó ganando. Poco después, Jesús Ordovás, ese gran hombre, nos pasó a Eva Tovar -por entonces mi compañera radiofónica- y a mí una cassette con el master del disco. La pinchamos durante semanas, hasta que el vinilo cayó por fin en nuestras manos.

Seguí la trayectoria de la banda sin interrupción. Los entrevisté en tantas ocasiones que ni me acuerdo. Conté las idas y venidas de Antonio Arias, que acabó firmando el contrato del primer álbum de Lagartiga Nick, con Romilar-D, en un concierto-celebración de mi programa de radio, en el que también actuó otro de mis grupos españoles favoritos de todos los tiempos, Cancer Moon.

Estuve en Maracena en el 96, en el segundo de los dos célebres últimos conciertos (o sea, el último de verdad), y me alegré lo mío cuando José Ignacio Lapido, tres años después, anunció que volvía en solitario con Ladridos del perro mágico.

Desde entonces he permanecido atento a su carrera, que unas veces me ha interesado más y otras menos. En ocasiones me ha irritado su inmovilismo, supongo que pensando que me gustaría escuchar esas letras a lomos de esquemas sonoros menos trillados, pero siembre acabé encontrando alguna canción que me explicaba quién es este tipo. Sus textos sobre música, publicados hasta hace poco en Granada Hoy, donde sigue ejerciendo como columnista, me provocaban una sensación similar -rara vez escribía de algo posterior a 1980-, agravada cuando tocaba cuestiones colindantes a la música en sí misma -el negocio, la industria…-.

Él está en contra del p2p y, en general, del intercambio de archivos en internet -aunque tengo la sospecha, no sé, de que ha suavizado su postura-; yo, radicalmente a favor. Quizás por eso he preferido no tocar el tema en la entrevista que le he hecho para Diario de Sevilla a propósito de su nuevo álbum, Cartografía. Sería como discutir con un amigo de algo sobre lo que sabes que no os vais a poner de acuerdo.

Ahí la tienen…

Cartografía de la madurez

El músico granadino José Ignacio Lapido publica su quinto disco en solitario tras la disolución de 091, uno de los más elaborados de su ya larga carrera.

José Ignacio Lapido_2

Foto: Jesús Ochando

Álbum: Cartografía. Corte 2: En el ángulo muerto. Y dice: Estoy en el ángulo muerto / es el sitio perfecto / nadie me ve /Estoy fuera de juego / batiéndome en duelo / lo mismo que ayer / A solas con mis recuerdos / los falsos y los verdaderos / si no me ladraran los perros / creería que sueño / Nadie me ve. “Llevo ya muchos años ahí, nadie me ve”, bromea irónico José Ignacio Lapido. Aunque se apresura a explicar que “no es una canción sobre mi situación profesional, sobre la que no vendría a cuento escribir. Me siento en mi sitio, el que yo me he buscado y al que las circunstancias me han llevado. Y estoy a gusto donde estoy. No espero otra cosa sino hacer los discos que quiero y sentirme bien conmigo mismo”.

El músico granadino, antaño pieza clave en una banda de tan grato recuerdo como 091, acaba de poner en circulación su quinto álbum en solitario, Cartografía, como el anterior, En otro tiempo, en otro lugar (2005), autoeditado por su propio sello, Pentatonia. “Me motiva la satisfación de seguir haciendo esto -cuenta-. Hay mucha gente que ha tenido que abandonar la música por faltarle de todo a su alrededor. Ya en cierta época de 091 me di cuenta, nos dimos cuenta todos, de que no íbamos a dar ese paso a la primera división comercial. Si con La vida qué mala es no rompimos la barrera, entonces ya no iba a haber manera de hacerlo. Así que a partir de ahí te haces a la idea. Lo contrario es engañarse uno mismo manteniendo vanas esperanzas. Yo ya ni me lo planteo. Grabo mis discos haciendo válido el tópico de por amor al arte“.

José Ignacio no se queja. Sabe bien que su público no es muy numeroso, “pero sí puedo decir que es muy fiel. Siempre está ahí esperando, casi con más ansias que yo, a que salga un nuevo disco”. De hecho, esas expectativas le permiten embarcarse en un nuevo proyecto discográfico cada dos o tres años. “Puede ser necesidad expresiva, más que económica. Porque necesidad de perder dinero nunca tengo”, vuelve a bromear.

Ni resulta tan invisible como sugiere la canción del principio, sus seguidores lo saben, ni su economía bordea la ruina -“con el anterior disco salvamos los trastos”, apunta-. Hoy es otro músico con otro oficio. Escribe columnas de opinión en el diario hermano Granada Hoy y, faceta menos conocida, guiones para un culebrón de la televisión autonómica. Corte 4: Largo de contar. Y dice: Yo te hablaría del trato / que el Diablo sin duda nos ofrecerá / cuando el futuro nos dé de lado / y nos cubra la oscuridad. ¿Será Arrayán el demonio? “No, hombre, no… Arrayán hace feliz a mucha gente -dice riendo-. Llevo seis años haciendo guiones y me siento tan bien como cualquiera se puede sentir en su trabajo. Obviamente me siento más músico que guionista, pero una vez que te sacudes los prejuicios, es un trabajo más. No es como la música, mucho más creativa; somos diez guionistas metidos ahí y todos aportamos ideas. Sabes que estás haciendo un producto de consumo rápido, pero que tienes que hacerlo bien”.

Arrayán paga las facturas de sus grabaciones, gusta de decir José Ignacio, quien recupera en Cartografía cierta manera de hacer que remite a 091. Niega que sea el disco que más recuerde a su anterior grupo -“no soy tan cerebral como para decir voy a hacer un disco más o menos parecido a 091. Llega un momento en el que las canciones mandan sobre ti y todo lo que has oído, compuesto y tocado está en un sustrato inconsciente. Pero en cualquier caso, si es así no ha sido premeditado”, asegura-, aunque concede que “se trata del mismo guitarrista, del mismo compositor, así que algo tiene que haber”.

Hay más. La referida manera de hacer, sin abandonar el clasicismo rock que le es tan querido, dispone que éste sea uno de sus títulos más elaborados desde el punto de vista de los arreglos. “En eso sí estoy de acuerdo -afirma-. Ha habido un trabajo bastante importante por parte de la banda al completo. Así que en ese aspecto sí que hemos trabajado como lo hacía con 091, llevando al ensayo el esqueleto de la canción para que todos aportaran ideas. El talento de los músicos ha hecho que determinados arreglos queden como anillo al dedo. Y se nota”.

Lapido no pide más. Grabar y actuar. “Me siento músico -confiesa-. Antes de escribir guiones lo único que sabía hacer era escribir canciones e interpretarlas. Si reniego de eso, ¿qué hago en la vida? Quiero seguir así mientras las circunstancias me lo permitan”. Corte 7: Nunca se sabe. Y dice: Nunca se sabe si nuestro plan se irá por el desagüe / Si al despertarme la tierra temblará bajo mis pies / Si habrá algún santo que nos ampare / Sólo sé que estoy girando alrededor de tu corazón ayer igual que hoy / buscándole el final a una canción que tal vez no acabe / Es algo que nunca se sabe. Nunca se sabe.

‘Inercia’, quince años después

Blas Fernández | 1 de abril de 2008 a las 10:11

Inercia Re-edición especial

Inercia. Reedición especial. Lagartija Nick. RFTOS / Romilar D / CBS Sony. Rock / 2CD

Mucho habría que discutir sobre cuál fue el mejor título en la hasta ahora descatalogada trilogía inicial de Lagartija Nick, si Hipnosis, Inercia o Su -en su día ninguneados por la facción más petarda de la crítica nacional y hoy convertidos en clásicos absolutos del rock español-. Sólo disponibles hasta la fecha para el interesado vía p2p o en tiendas de segunda mano, la revisión, en cualquier caso, le llega al segundo, reforzado en esta edición especial, conmemorativa del XV aniversario de su publicación original, por un compacto extra que suma oscuros cortes y versiones maqueteras de canciones tan contundentes como Nuevo Harlem, Satélite o Transfiguración (Mis cinco sentidos). Lo más llamativo, al margen de la propia recuperación, es sin embargo, la voz de Eva Amaral grabada ahora sobre la maqueta de Universal.

¿A cuento de qué? Amistad, admiración… Supongo. Quizás sólo sea una de las varias y merecidas muestras de pleitesía hacia la banda de Antonio Arias que veamos durante este año, según informaba el amigo Jesús Arias en Granada Hoy.

Ahí les dejo un vídeo del experimento en vivo en ese infame programa de la 2 llamado No disparen al pianista. A Eva Amaral, al comienzo, se le nota descolocada, como cortada, pero luego se desmelena. Lagartija Nick es lo que tiene.