Archivos para el tag ‘Portishead’

Menos vuelve a ser más

Blas Fernández | 10 de marzo de 2011 a las 8:38

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Space is Only Noise. Nicolas Jaar. Circus Company. Electrónica / Pop. LP / CD

Neoyorquino crecido en Santiago de Chile hasta la adolescencia -como quien dice, hace un par de día- y reubicado luego en Brooklyn, Nicolas Jaar dibuja algo parecido al perfil de un niño prodigio. Involucrado en la música electronica desde los 14 años, con 17 debutó en el sello Wolf and Lamb Music para a partir de ahí realizar diferentes entregas y remezclas -atención a la de Billy Jean de Michael Jackson- en escuderías diversas -incluido su propio sello: Clown and Sunset- y recorrer medio mundo actuando en directo. Con veintiuna primaveras debuta ahora en largo en el sello galo Circus Company y, como recientemente también ocurrió con un personaje de tintes similares, James Blake, buena parte de la prensa musical internacional se deshace en elogios hacia su notable Space is Only Noise.

Sin embargo, al margen de la juventud, el uso primordial de herramientas electrónicas y un evidente gusto por el minimalismo como opción estética, poco más relaciona a Jaar con el londinense: donde aquél recurre al soul para modelar el dubstep con formas nuevas, el neoyorquino opta por otro tipo de referentes clásicos. Jaar cita a Satie y Mulatu Astatke como detonantes de su melomanía, pero su álbum, estructurado sobre la base de interludios -con un papel predominante del piano-, encadenados y codas, desvela otras interesantes influencias de ésas que dan pie a un sano ejercicio especulativo.

Por ejemplo… Too Many Kids Finding Rain in The Dust, el primer gran, gran corte de un disco generoso en ellos, remite a una reinterpretación con apariencia orgánica de los primeros Kraftwerk, un curioso artefacto que recuerda aquel aire de cumbia tan socarronamente observado en su día por Uwe Schmidt (alias Señor Coconut), sólo que deshumorizado, como corresponde a un trabajo que se diría compuesto en un entorno de gravedad cero. Keep Me There se entiende como su coda, conservando la intuición del motivo melódico y cediendo el protagonismo al otro gran protagonista, junto al piano y la voz de Jaar, de Space is Only Noise, el sampler. Jaar deconstruye y reensambla aquí un solo de trompeta en un algo más que efectivo ejercicio de tensión fascinante y permanente.

I Got a Woman, con sample de Ray Charles incluido, evoca a los Portishead pre-Third y refuerza la sensación de encontrarnos, a veces, en el oscuro recibidor de una casa de mala nota: es ese ingrediente de turbadora lounge music con que el neoyorquino también aliña su ralentizada propuesta, tan deudora del jazz y el abstract hip-hop como de los serialistas y sus herederos contemporáneos -Allmost Fell y Variations bien pudieran tender puentes con Four Tet-.

Disco denso e intenso, Space is Only Noise se configura así no sólo como una llamativa carta de presentación en formato extendido -vale la pena, en cualquier caso, rastrear sus maxis-, sino también como uno de esos futuribles títulos destacados en una cosecha, la de la electrónica con ecos pop y aún así sin concesiones, con un arranque de temporada inmejorable.

Cueste lo que cueste

Blas Fernández | 11 de febrero de 2010 a las 12:14

Robert del naja, durante una actuación de Massive Attack en Barcelona en 2007. Foto: Alterna2

Robert del Naja, durante una actuación de Massive Attack en Barcelona en 2007. Foto: Alterna2

heligoland

Heligoland. Massive Attack. Virgin. Electrónica / Pop. CD

A años vista, la cuestión más relevante no pasaría ya por preguntarse qué fue del trip-hop -junto al rap, una de las sacudidas más expansivas e intensas de cuantas han afectado  a los modos y formas de producción musical, a la redifinición del estudio, casero o profesional, como lugar de trabajo-, sino cómo han conseguido sus artífices escapar a su ya reconocible, y antigua, sombra para reinventarse sin mermar las rentas o, en al menos, mantener el tipo.

De aquella triada canónica, con Tricky definitivamente a la deriva, sólo Portishead ha logrado lo primero -Third, en efecto, sigue hablando por sí mismo-, mientras que Massive Attack, tras hacer pleno hace casi una década con Mezzanine, parece cada vez más cerca de lo segundo.

Siete años después de un disco aún notable como 100th Window, y tras el agradecido aviso que a finales del pasado 2009 supuso el epé Splitting The Atom, los de Bristol, por fin, ponen en circulación su esperado quinto álbum (sin contar remezclas y bandas sonoras, claro).

Heligoland sigue a grandes y pequeños rasgos las líneas marcadas por aquel avance: un nutrido plantel de colaboraciones vocales, incluso más abultado que en ocasiones anteriores -a las ya escuchadas de Tunde Adebimpe (TV on The Radio), Martina Topley Bird, Guy Garvey (Elbow) y el veterano y fantástico Horace Andy, todos doblando su participación-, se suman las de Damon Albarn (dolido y esplendoroso en Saturday Come Slow, pese a su formalidad, uno de los más fascinantes cortes del disco) y Hope Sandoval, amén de apariciones puntuales, entre otros, de Adrian Utley (Portishead); y una apuesta por la oscuridad y el primitivismo -no pocas de las bases y arreglos percusivos remiten a posiciones tribalistas- que aboga por una estética ajena a la sobrecarga.

Pese a quedar lejos de los grandes títulos de la formación, Heligoland, como se ha dicho, mantiene el tipo sobre la base de un repertorio quizás desigual, pero bien estructurado, al tiempo que constata que la formación sigue dispuesta a explorar otras posibilidades distintas a las ya conocidas. Cueste el tiempo que cueste, aunque sean otros siete años.

Ahí les dejo el clip de Paradise Circus

El lento proceso Walker

Blas Fernández | 18 de abril de 2008 a las 10:21

Third

Third. Portishead. Island Records. Rock / Experimental. LP / CD

Foto

Foto: Eva Vermandel

Como tan atinadamente alcanzó a contar Stephen Kijak en Scott Walker: 30 Century Man, el proceso que puede llevar a un músico de éxito popular a explorar los límites del sonido alejándose de las convenciones no se desencadena de manera espontánea. Bien al contrario, la mecha que prende tan llamativa transformación está ahí, más o menos escondida, hasta que el elemento reactivo, por una u otra razón, libera la energía necesaria.

Portishead no ha tenido que soportar las presiones comerciales que sí sufrió Walker antes de optar, de manera radical, por emprender un viaje sin prisas al que no quiso invitar a nadie que no tuviera interés en acompañarlo, pero el peso de dos discos que por derecho propio figuran en puestos destacados de la historia de la música del siglo XX -Dummy (1994) y el homónimo Portishead (1997), ambos provocadores de una innegable fascinación- parece reactivo más que suficiente para forzar el proceso de scottwalkerización que revela Third.

Once años después de su último álbum -sin contar el directo Roseland NYC Live (1998)-, huelga decir que de trip-hop aquí no queda ni rastro. Es más, se diría que la losa de aquella elástica etiqueta, y de la deriva vulgarizante que ésta acabaría tomando, es otro de los factores que han venido tanto a frenar, ¡por más de una década!, la elaboración de un nuevo trabajo de los de Bristol como a obligarlos a buscar una dirección nueva, distinta, a la hora de enfrentarse a él. Cualquier concesión, el menor desmayo por parte de Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley, hubiera colocado a Portishead no sólo ya por debajo de su leyenda, sino aún peor, por debajo de sus posibilidades.

Foto 2

Foto: Benoit Peverelli

Así que, parece, no cabía otra que esperar, distraerse con otros proyectos -producciones para terceros y, en el caso de Gibbons, con un disco tan notable como Out of Season (2002), junto a Rustin Man-, aprender de éstos y volver a probar con Portishead sólo cuando el cuerpo lo pidiera. Si el resultado del tanteo no era satisfactorio, como cuentan ellos mismos que ocurrió en varias ocasiones, el trabajo se aparcaba.

Esta huida hacia adelante nos deja ahora, por fin, un disco que, ajeno a la pretensión de colmar las expectativas de los muchos seguidores de la formación-y pocos nombres pueden presumir de convocar a un espectro tan amplio de gustos dispares-, se concentra en crear algo imponente, inquietante y hermoso y en hacerlo sin repetirse, esquivando cualquier previsión. Esto es, se concentra, y se contenta, en colmar las expectativas del propio grupo y, si acaso, de los oyentes que estén en sintonía con el proceso.

¿Hace eso de éste un disco difícil, raro? Bueno, depende de para quién y en comparación con qué. Third apenas se permite tres pausas amables en su sobrecogedor continuo telúrico-Hunter, el único corte que de manera remota evoca el anterior y personal estilo del trío; Deep Water, una dulcísima y austera miniatura de poco más de minuto y medio; y The Rip, otra caricia sobre la que va creciendo una trotona base rítmica con precioso fraseado de sintetizador-, el resto es pura intensidad revestida de desazón.

Las líneas melódicas vocales de Gibbons, por lo general, tienden a desintegrarse -Silence, en ese sentido, puede ser un ejemplo extremo- transformándose en conmovedoras modulaciones. Cualquier eco de estructura convencional-estrofa/puente/estrofa/puente/estribillo- se desvanece para atraparnos en unas formas gaseosas de misteriosa argamasa.

Puestos a sondear lo insondable, difícilmente dejaremos de identificar en Third los recursos del artesano. Lo que queda al margen de cualquier cuantificación es esa emoción que, de manera tan diferente, Portishead vuelve a provocar.

Ahí les dejo el vídeo del primer sencillo (es un decir), Machine Gun.