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¿Qué sabe usted de Provo?

Blas Fernández | 5 de enero de 2012 a las 8:40

Foto: Nathaniel Ray

The Moth & The Flame. The Moth & The Flame. Autoedición. Rock. CD

Por cortesía de Wikipedia, unos breves apuntes sociogeográficos para ubicarnos. Provo es la segunda ciudad por población del estado de Utah, en el medio oeste norteamericano, apenas conocido entre nosotros por haber albergado unas olimpiadas de invierno en su capital, Salt Lake City, y, sobre todo, por ser el centro de operaciones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. O sea, los mormones.

Situada a 1.397 metros de altura sobre el nivel del mar, en la cadena urbana conocida como Wasatch Front, apenas cuenta con poco más de 112.000 habitantes, en torno a 34.000 de los cuales son estudiantes de la Brigham Young University, universidad privada directamente vinculada a la iglesia predominante en el estado. Ésta, a su vez, dispone en la localidad de su Missionary Training Center, centro del que salen, dispuestos a evangelizarnos, esos chicos con corbata negra, camisa blanca de mangas cortas y etiqueta identificativa en el pecho que tanto sudan luego durante el tórrido verano andaluz.

El porcentaje de su población estudiantil, un dato siempre significativo a la hora de baremar ciudades en términos de música pop, podría inducirnos a engaño (o no): habida cuenta de los rígidos preceptos mormones, la Brigham Young, vuelve a señalar Wikipedia, es considerada “la universidad más sobria de Estados Unidos”. Un terreno, podría intuirse a priori, poco propicio para la manifestación de determinadas sensibilidades artísticas.

De tan singular paisaje, sin embargo, proviene The Moth & The Flame, grupo comandado por Brandon Robbins (voz y guitarra) y Mark Garbett (teclados y voz), que a mediados del pasado mes de noviembre debutó con un álbum de título homónimo y autoeditado, sorprendente no tanto ya por su lugar de origen –al fin y al cabo, puede que eso sólo sea folclore– como por su esplendorosa, compacta y emotiva colección de canciones.

Con evidentes y reconocidas referencias en Radiohead –en concreto, los anteriores a Kid A–, no pocos ecos también del Beck más calmado –el de Sea Changes, claro– y algo de la natural solemnidad –será el paisaje, en su caso– que adornó al inolvidable Grace de Jeff Buckley, The Moth & The Flame es uno de esos discos inesperados que acaban por fijarse en la atención a consecuencia de la insistente curiosidad que su contenido provoca. Quiénes son, de dónde vienen y todo lo demás.

Y así, uno descubre que, poco después de un año en activo, el dúo, flanqueado en directo por otros músicos de apoyo –entre ellos, el propio productor del álbum, Nate Pyfer– se saca de la chistera, y casi podríamos decir que de la nada, un debut impecable, por momentos conmovedor, que no cuenta con versión oficial en descarga digital porque Robbins y Garbett consideran que una portada como dios manda; la totalidad del diseño del envoltorio; el envoltorio de la música en sí, es parte ineludible del artefacto artístico que nos proponen.

Y así, uno entonces piensa, con evidente riesgo de equivocarse, que quizás en Provo la modernidad es otra cosa, y que la misma distancia que en lo sonoro separa al grupo de una a veces asfixiante cercanía a la actualidad es la que le permite crear un trabajo con tan evidentes y convencidas pretensiones sin siquiera rozar la grandilocuencia, el vacío.

Aunque de momento sólo se puede comprar en formato físico, si así lo desea, a través de la web del grupo –otro ejemplo en sí mismo del ajustado uso que la banda hace del diseño–, The Moth & The Flame puede escucharse íntegro vía soundcloud en la misma dirección. Ésa es sin duda la mejor manera posible de comprobar si canciones como la sobrecogedora Entitled, pese a sus deudas con OK Computer, o la inicial y contundente Maker son de ésas que también a usted le sacuden el cerebro.

Ahí le dejo el clip de Lullaby II, registrado unos meses antes de la aparición del álbum en un paisaje glacial (como Provo en invierno, imagino).

http://vimeo.com/24042544

Este rey no va desnudo

Blas Fernández | 24 de febrero de 2011 a las 8:13

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The King of Limbs. Radiohead. Autoedición. Rock. / Pop. Descarga digital (mp3 y wav)

Están quienes prefieren OK Computer, quienes señalan Kid A como su obra cumbre y quienes, simplemente, no soportan a Radiohead. No hay medias tintas.

El grupo de Oxford maneja sus tiempos con completa soltura y al margen ya de los convenciones de la industria discográfica. El considerable revuelo extramusical causado por In Rainbows (2007) y su propuesta de pague lo que le parezca, si le parece (pdf), marcó antes una llamativa ruptura con ese engranaje (en concreto, no puede leerse más que como una sonora patada en el culo de EMI) que la asimilación de la obviedad -los nuevos modos de distribución y consumo de música-, aunque ambos aspectos estuvieran intrínsecamente imbricados.

The King of Limbs, con matices, repite la estrategia. Por sorpresa, la banda anunció el pasado lunes 14 su disponibilidad, a partir del sábado 19, en descarga digital desde la web de la propia formación y en dos formatos: mp3 a 7 euros y wav a 11. Al tiempo, se avanzaba la publicación de una edición física especial con fecha de envío a partir del 9 de mayo -doble vinilo transparente en diez pulgadas, CD, descarga y artwork- y otra convencional a cargo de XL Recordings -LP y CD simples- con fecha de salida prevista para el 28 de marzo.

Pero el sobresalto para miles de seguidores del grupo se repitió el viernes 18. Al tiempo que Radiohead colgaba el videoclip de Lotus Flower, primer sencillo extraído del álbum -una curiosa pieza de danza protagonizada por Thom Yorke según la coreografía de Wayne McGregor-, se constataba un adelanto de 24 horas en la disponibilidad del álbum en descarga.

Si el cambio de fecha se debió a un presunto filtrado de The Kings of Limbs en la red antes de su puesta a la venta o si éste se produjo precisamente tras la disponibilidad del disco en la web del grupo es un detalle completamente irrelevante. Al menos, y bien al contrario, en términos de impacto mediático: un adelanto de horas proporcionó a Radiohead una impagable e inmediata cobertura en ediciones digitales de periódicos, noticiarios radiofónicos y hasta informativos de televisión de medio mundo. Para un grupo cuya producción queda bastante alejada del asequible canon habitual en el pop de consumo rápido y masivo, no está nada mal, ¿verdad?

Otra pregunta inevitable: ¿justifica el contenido de The King of Limbs tanta atención? En términos de medios de comunicación, en tantas ocasiones auténticos reyes de los líos, vuelve a ser lo de menos; en la perspectiva del melómano es, por contra, la interpelación más pertinente.

Álbum corto -ocho temas concentrados en apenas 37 minutos-, la octava entrega oficial del grupo persiste en una dinámica que bien pudiéramos considerar, si no por completo agotada, al menos sí sospechosamente exhausta. Esto es, The King of Limbs persigue esa estela de absoluta libertad tímbrica y estructural sobre la que Radiohead se reinventó en Kid A (pdf) y su complementaria secuela, Amnesiac (2001), pero que, paradójicamente, ha terminado por convertirse en un corsé.

Así, mientras que Hail to The Thief (pdf) postulaba a su modo un retorno a los orígenes, el mencionado In Rainbows recorría con menor brío un camino ya transitado, aunque en absoluto prescindible. Entre éste y el álbum de Thom Yorke en solitario (The Eresar, 2006), lejos de la vehemencia y brillo de Kid A, se articula ahora un discurso del que la guitarra desaparece casi por completo -no, aquí no va a encontar siquiera el equivalente a una Bodysnatchers- para dejar el protagonismo a las tramas rítmicas -momento kraut: la batucada cósmica de Feralâ- y la doliente voz de Yorke.

Toda la primera parte del álbum, desde la inicial Bloom -que con su intro a piano puede evocar aquel otro memorable comienzo: Everything In Its Right Place- hasta Lotus Flower, descansa sobre esos pilares, mientras que la segunda, integrada por los tres últimos temas, abre la paleta armónica planteando, de paso, otra paradoja: cuanto más cercanos aquí a un formato convencional de canción -sobre todo en Codex y Separator-, más emotivos.

Distante de los mejores discos de Radiohead, The King of Limbs, no obstante, mantiene el tipo y esquiva el chiste fácil: por más que abunden los agoreros dispuestos a vocearlo, de momento este rey no va desnudo.

Supongo que ya lo han visto, pero también que no está de más dejar aquí el clip de Lotus Flower

Por cierto, en los portales de vídeo las parodias bienhumoradas florecen como lotos, quiero decir, como setas. Aquí disponen de varios ejemplos.

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White, Jack Keys

Blas Fernández | 4 de octubre de 2008 a las 15:04

Actualizado 8/10

http://es.youtube.com/watch?v=hM5UJvnbbuY

¿Qué pensarán de esto los fans de Alicia Keys, esa supermujer? ¿Y los seguidores de Jack White? ¿Y usted? ¿Cuál es su canción favorita de la saga Bond?

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