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2012: Memory Mixtape

Blas Fernández | 20 de diciembre de 2012 a las 7:17

Como cada año por esas fechas, La Ventana Pop recuerda a vuela pluma algunos de los títulos más destacados aparecidos durante el curso que termina. Una tarea ésta siempre dificultosa, pues a lo inabarcable de la producción, que no muestra señales de entender de crisis, se suma además la simultánea efervescencia de múltiples escenas, potenciadas en su visibilidad, de manera impensable hace apenas una década, por la asentada inmediatez del nuevo panorama (tanto en lo que refiere a difusión como a distribución de música; facilidad de acceso que no evita que algunos, en un porcentaje estimable entre melómanos, sigamos acudiendo a la copia física, bien en incombustible vinilo o, vaya, hasta en cedés golosamente rebajados). Huelga decir, pero se dice, que la lista de títulos expuestos no aspira a convertirse en arrogante y efímero canon. Al contrario: espera engordar con las aportaciones de sus lectores (puede hacerlo en los comentarios).

Más allá de la habitual y fundamentada sospecha de complacencia, la cosecha nacional, abundante y variopinta, aporta una serie de títulos raramente cuestionables. En ésta ocuparía una posición de honor le personal lectura del cancionero morentiano firmada por Los Evangelistas en su Homenaje a Enrique Morente, auténtico ejercicio de devoción e inspiración cuyos estremecedores y eléctricos resultados auguran ya nuevas incursiones por los mismos territorios. Y sin abandonar los de Granada, habría que señalar que otra superbanda, el Grupo de Expertos Solynive –también con J de Los Planetas entre sus filas–, nos dejó en 2012 un disco tan brillante, preñado de folk-rock sureño, como El eje de la Tierra.

Todavía en el sur, en Sevilla, I Am Dive firmó en largo un título mayúsculo, Ghostwoods, compendio de las virtudes del dúo ya adelantadas en una ráfaga previa de epés –exquisito pop de ascendente folk inmerso en electrónica brumosa–. No se quedarían atrás en cuanto a presencia y prestaciones dos álbumes tan distantes como el clasicista y elegante Santa Leone –inesperado artefacto sobre el que el veterano Andrés Herrera Pájaro volvió a levantar el vuelo– y This is The Sound, tercera y certera entrega de Marina Gallardo, disco intimidante por estética y fondo, hiriente y reconfortante. Un termómetro al rojo que señala la temperatura del rock de aquí.

Más variedad y distancia: la que en apariencia pudiera separar a Un dígito binario dudoso de Hidrogenesse de Una araña a punto de comerse una mosca de Remate. Apariencia… Más los une el innegable talento. En el primer caso sirve a Genís Segarra y Carlos Ballesteros para narrar, en clave synth-pop preciosista, el ascenso y caída de un visionario Alan Turing; en el segundo, para vestir unos textos memorables con arreglos semiorquestales en un equilibrio pop perfecto.

Dejamos nuestras fronteras, pero nos quedamos cerca, oteando la imponente silueta de ese gigante del rock europeo -en la foto del encabezado- que es el francés Dominique A, muy atento también a los arreglos para quinteto de viento de David Euverte que, en consonancia con su inspiración y musculosa interpretación, hacen de Vers les lueurs la mejor celebración de sus veinte años sobre el escenario.

En una Gran Bretaña que, electrónica al margen, parece no terminar de encontrar acomodo en esta década, The XX revalidó la vigencia de una lógica expectación en torno al grupo con Coexist, un segundo álbum aún más oscuro y minimalista que su celebrado debut. Su cerebro-no-tan-en-la-sombra, Jamie Smith, sabe de remezclar a y ser remezclado por Kieran Hebden, que tras su habitual alias, Four Tet, nos entregó una desarmante colección de maxis previos, más inéditos, en Pink. Y Four Tet, a su vez y por ligazones estilísticas y personales, nos lleva hasta Dan Snaith, canadiense afincado en Londres que aparcó su proyecto más conocido, Caribou, para firmar como Daphni Jiaolong, otra ominosa colección de cortes que redibujan los márgenes de la pista de baile.

Sin abandonarla, pero en esta ocasión deslumbrando con un imaginario resplandor cósmico, Hans-Peter Lindstrøm nos envió desde Noruega dos imbatibles pildorazos en el año que expira. Con todo, el mérito se lo lleva el segundo, Smalhans, seis cortes irresistibles que, en su estética y ánimo, responden a épocas más felices. Noruegos también, los irredentos y valientes Motorpsycho, paradigmáticos pioneros de un hard-rock culto e inquieto, se aliaron con el jazzista Ståle Storløkken para pergeñar una orgía dura y progresiva, amén de apabullante, en The Death Defying Unicorn. De un frío cercano –en su caso, sueco– y compartiendo ciertas similitudes, tan atractivas como quizás enfermizas, surgieron Goat y su sorprendente World Music, ponzoñoso mejunje capaz de sobrepasar con mucho el revival gracias a la eficacia y contundencia de su reivindicación rock.

Ya en la parte norte del continente americano, la canadiense Claire Boucher, alias Grimes, dio un considerable salto hacia delante con Visions, magnífica colección de canciones pop, tan marcianas como ella misma, con la electrónica como ideal aliada –con permiso de Bat for Lashes y salvando las distancias y el contexto, lo más parecido hoy al originario talento de Björk–.

No escasearon tampoco, ni mucho menos, los títulos procedentes de Estados Unidos que merecieron especial atención. Entre todos ellos sorprendió, y no fue para menos, channel ORANGE de Frank Ocean, sincera y aplaudida reapropiación desde el lado creíble del negocio de un R&B más dado en los últimos tiempos a la pirueta efectista que a dar continuidad a su rico legado de innovación. Ocean, salido de unos imprevistos Odd Future, lo sacude, le quita paja y polvo para dejarlo en unos huesos la mar de atractivos. Y de un semidebut –ya disponía de otro álbum previo– a la conmoción que supuso reencontrar en plena forma a Michel Gira, artífice junto a unos remozados Swans del colosal The Seer. Añádale Swing Lo Magellan, de unos incombustibles Dirty Projectors, y tendrá asegurada, como mínimo, una buena tanda de emociones.

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