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El Podcast de La Ventana Pop (Programa 22)

Blas Fernández | 15 de enero de 2015 a las 5:00

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Arranca esta nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con The New Basement Tapes, toda una superbanda, y su delicioso ejercicio de recuperación de textos inéditos de Bob Dylan. También desde el ámbito internacional nos llegan los nuevos trabajos de Panda Bear -en la imagen-, el veterano Robert Wyatt y los neoyorquinos TV On The Radio. Ya en casa, revisamos el singular EP de Disco Pantera -otra superbanda, ésta de El Puerto de Santa María- y las sorprendentes propuestas de dos nombre malagueños: Musemesis y Hungry Butterfly. Y desde Sevilla, dos avances de títulos de próxima publicación: Regiones devastadas, tercer álbum de Blacanova, y Hard Pop, debut en largo de BBBang.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

 

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Tracklist

1.-The New Basement Tapes: Nothing to It

2.-The New Basement Tapes: Down on The Bottom

3.-Disco Pantera: Thomson Twins

4.-Panda Bear: Boys Latin

5.-Panda Bear: Butcher Baker Candlestick Maker

6.-Blacanova: La soga

7.-Blacanova: El poder mecánico

8.-Robert Wyatt: Yesterday Man

9.-Robert Wyatt: Frontera

10.-Musemesis: Gekommen Um Zu Bleiben

11.-Musemesis: Grimalkin

12.-Hungry Butterfly: Heart Butterfly Star

13.-BBBang: Be My Lover

14.-TV On The Radio: Trouble

Cosecha 2014

Blas Fernández | 28 de diciembre de 2014 a las 5:00

Repita conmigo: soy un oyente formado y me traen al pairo las listas de lo mejor del año que, con atosigante profusión, florecen cada Navidad en las publicaciones más diversas. Y en cualquier caso, si no se considera tal, el mero hecho de estar leyendo sobre música ya lo sitúa en un buen camino.

Si es lector asiduo, ya sabrá que en La Ventana Pop huimos ante la mera idea de sentar cátedra y establecer jerarquías en torno a un terreno tan amplio, definitivamente inabarcable, como el de la música pop de nuestra época. Hace años que preferimos recomendar hallazgos con el ánimo de compartirlos y, si hay consenso, de sancionar desde nuestra afición-adicción aquello que ya es de dominio público. En un intento de abrir el abanico, desde el pasado 2013 lo hacemos, además, pidiendo a varios compañeros de Redacción caracterizados por su filiación melómana una relación de títulos que, por una u otra razón, les han calado de manera especial. Algunos, inevitable y significativamente, se repiten.

Esa selección es, claro, la que sigue. A la que usted, si le place, puede sumarse en los comentarios. ¡Buena cosecha! Leer el resto del artículo »

El joven Robert Wyatt

Blas Fernández | 10 de noviembre de 2013 a las 5:00

68_cover_blog‘68. Robert Wyatt. Rock. Cuneiform Records. LP / CD

Completamente al margen desde hace décadas de cualquier corriente estilística concreta, no digamos ya de modas más o menos efímeras, la figura de Robert Wyatt (Bristol, 1945) mutó de capital en imperecedera cuando, en 2003, de forma no del todo impredecible, certificó con Cuckooland la crecida vigencia de un talento al que no logró derrotar ni la adversidad –aquel trágico accidente en 1973 que lo dejó paralítico tras caer por la ventana de un tercer piso– ni las varias y severas adicciones.

Cercano a los 60 años, poseído aún por el mismo espíritu libre que marcó sus pasos desde los lejanos tiempos de Soft Machine, pero instalado también en un plácido sosiego creativo fruto de la perspectiva, la experiencia y hasta de una resignada distancia frente a las barbaries de este mundo sin solución, Wyatt señaló con Cuckooland un penúltimo punto de fuga en el que su histórica inclinación por la psicodelia, la experimentación, las músicas tradicionales populares y el jazz –entendido éste, si es posible, en la acepción más rock del término– adoptó un cauce cuanto más clasicista en sus formas más iconoclasta en su fondo y en la cautivada percepción del oyente.

El fenomenal Comicopera (2007), natural prolongación de esa serena reinvención, y las revisiones, en gran parte de material ajeno, de For the Ghosts Within (2010), álbum firmado junto a Gilad Atzmon y Ros Stephen, ahondaron en esa vía, que hace del músico inglés, si no un género en sí mismo, sí un protagonista capital en la apasionante aventura de la transformación del rock –la de verdad, ésa que queda fuera del radar de las tendencias– en lenguaje sonoro, en código artístico, de primer orden –y no vamos a discutir aquí la presunta supremacía del jazz en este sentido ni las cansinas diatribas sobre la entelequia de la legitimidad cultural porque cualquier melómano abierto sabe ya que sus logros expresivos son perfectamente equiparables–.

robert_wyatt_blog_2Pero el largo camino hasta ese nuevo punto de fuga es en sí mismo una monumental colección de títulos que, al adelantarse en sus modos, pretensiones y resultados, marcan época y dejan rastros perceptibles al oído entrenado en la obra de coetáneos y, sobre todo, en la de generaciones posteriores, conscientes unas del legado al que deben el código y ajenas otras, quizás la mayoría, al origen de los cambios que contribuyeron a redefinir el lenguaje.

Más allá de la discografía de Soft Machine con Wyatt como partícipe, títulos emblemáticos firmados bajo nombre propio, como Rock Bottom (1974), Dondestan (1991) o Shleep (1997), construyen esa trayectoria definitivamente atípica, pausada en sus periodos de entrega pero también infalible en su reiterada condición de discurso único, original.

Convenientemente documentada ya a través de cuidadas reediciones, la primera etapa del músico recibe no obstante ahora una pieza maestra no sólo por cuanto de documento tiene -característica que quizás sólo justificaría por sí misma el interés de la impenitente legión de seguidores de Wyatt-, sino, sobre todo, por el material sonoro que atesora, llamativo en su propio origen y expansivo, desbordado, en su exposición temprana del indómito impulso creativo que domina desde entonces la carrera de nuestro protagonista.

’68, como su título insinúa, nos traslada al año en que Soft Machine completa una gira estadounidense como banda telonera de The Jimi Hendrix Experience, grupo con el que comparte manager y juergas. Pero mientras el grueso de la formación vuelve a Europa -Kevin Ayers viaja a su refugio ibicenco-, Robert Wyatt se queda en Los Ángeles y aprovecha el tiempo de descartes que le ofrece el ya famoso estudio TTG para registrar una serie de maquetas posteriormente completadas en Nueva York. Son justo esas cintas las que el sello Cuneiform, pendiente siempre de ilustres o ignotos francotiradores, ha rescatado del olvido y remasterizado hasta conseguir un sonido acorde a las expectativas.

En ellas, un proverbialmente versátil Wyatt se encarga de tocar todos los instrumentos: sólo cede ocasionalmente el órgano a Mike Ratledge y el bajo, en un par de ocasiones, a Hugh Hopper y al mismísimo Hendrix, que pulsa las cuatro cuerdas, y de qué modo, en Slow Walkin’ Talk. La canción original de los seminales The Wilde Flowers, desde donde Wyatt, Hugh Hopper y Ayers saltarían a Soft Machine, y que Hendrix revisitaría posteriormente, conforma junto a Chelsa -compuesta por por Wyatt y Ayers- el prólogo y el puente de un álbum que deja su auténtica razón de ser a dos largas piezas, Rivmic Melodies y Moon in June, de 18’19” y 20’36” respectivamente. Es en éstas donde se revela el Wyatt avant la lettre, hasta el punto de que el dilatado desarrollo de la primera, con sus delirantes improvisaciones onomatopéyicas sobre el alfabeto y con parte de la letra en español -una constante, la del uso de lenguas distintas al inglés, presente en la obra por venir de Wyatt- serviría luego como base a la mitad del segundo álbum de Soft Machine. Por su parte, Moon in June, rescatada por la banda en Third (1970), nos muestra a Wyatt desarrollando un concepto que aún tardará bastantes años en cuajar entre músicos y públicos, el de jazz-rock, antes de disolverse con celeridad en la vacuidad de un virtuosismo inane (justo lo contrario de lo que el inglés, sobrado de imaginación, proponía aquí).

A propósito del ‘rarismo’

Blas Fernández | 7 de mayo de 2009 a las 13:39

Foto: Steven Johnson

HEAVY GHOST. DM Stith. Asthmatic Kitty Records / Popstock! Rock / Folk / Experimental. LP / CD

A propósito de la reciente reseña del Tentacles de Crystal Antlers hemos podido seguir en el blog de La Ventana Pop un conciso, civilizado y aun así interesante debate sobre la presunta irrupción del rarismo como factor determinante en la estimación, incluso en la sobrevaloración, por parte de un representativo sector de la audiencia indie-rock de determinadas propuestas sonoras de los últimos años.

Así, de TV on The Radio a Dan Deacon pasando por Animal Collective, por ejemplo, el barroquismo, la excentricidad psicodélica o la marcianización del tropicalismo se convierten en valores en alza, polos de atracción para un público, se apuntó en aquella discusión, que hasta hace bien poco señalaba a la sencillez, a la simplicidad de la canción pop, como factor canónico, referencial.

Basta sin embargo un mínimo de perspectiva histórica para concluir que esta nueva fascinación por la singularidad, entendida como sinónimo de lo decididamente anticonvencional, no es sino una constante en la ya larga y rica historia del rock, una corriente pendular que jalona la creación sonora de manera periódica hasta llegar a nuestros días, en los que, ¿finalmente?, modas y corrientes se superponen y conviven sin llegar a convertirse, más allá de determinados círculos, en tendencias dominantes.

De que estamos en ésas nos sobran pruebas: casi habíamos dado por desaparecido el weird-folk y ahora nos encontramos con esta intrigante, por momentos inquietante e intimidatoria, primera entrega en largo del norteamericano DM Stith tras su debut el pasado 2008 con el epé Curtain Speech. No es exactamente weird, no es exactamente folk, pero sí que vuelve a combinar sendos conceptos para facturar un repertorio que comienza siendo incómodo y termina siendo hipnótico.

Procedente de una familia con larga tradición musical académica, impulsado en primera instancia por Shara Worden (My Brightest Diamond) y lanzado por Sufjan Stevens a través de Asthmatic Kitty Records, David Michael Stith firma un trabajo que juega a esquivar las previsiones y que equilibra ambición e inspiración en la cuenta de resultados. Sus referentes pueden ser tantos como bien rastreables (yo apuntaría a la etapa más hermética de Robert Wyatt: otro ejemplo de movimiento pendular), aunque por fortuna la importancia de las influencias se diluye a lo largo de una docena de cortes con indisimulada querencia por la ensoñación –los coros espectrales de Pigs y Spirit Parade–, el lirismo –BMB, Fire of Birds– y los paisajes oníricos –Thanksgiving Moon–. Con una triada final de canciones de esas que cortan la respiración –GMS, Braid of Voices y la coda Wig-, no cabe otra que concluir que, raro o no, la belleza de un disco así resulta incontestable.

Y a propósito de Wyatt, vean el bonito vídeo de BMB y me cuentan a quién les recuerda esa voz…

Ahí les dejo también el clip de Pity Dance