Archivos para el tag ‘Steely Dan’

Regreso al futuro (según los 80)

Blas Fernández | 4 de febrero de 2011 a las 8:16

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Kaputt. Destroyer. Merge. pop / Rock. LP / CD

Como en el caso de Iron & Wine, Daniel Bejar, alias Destroyer, se apunta al disco de género con la vista puesta en el soft-rock. Kaputt, tanto más sorprendente cuanto más distante de las diversas encarnaciones en solitario del también integrante de The New Pornographers, queda así a medio camino de los Steely Dan de Gaucho y los Prefab Sprout de Steve McQueen -Chinatown, la primera en la frente-, en un impoluto escenario de melodías cristalinas y arreglos ochenteros donde el atrezzo camufla la sinceridad del ¿homenaje? ¿Son los 80 la fuente de inspiración de estas hermosas canciones o una mera escenografía que las alienta?

Ahí les dejo el corrosivo clip de la no menos ácida Kaputt

Martha Wainwright, cuestión de herencia

Blas Fernández | 29 de mayo de 2008 a las 12:46

Martha Wainwright Foto

MW Cover

I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too
Martha Wainwright
Drowned in Sound / Nuevos Medios. Pop. CD

En unas coordenadas estilísticas similares a las de su célebre hermano mayor, Rufus Wainwright, a quien además acompañó sobre los escenarios durante bastante tiempo, Martha Wainwright debutó en largo el pasado 2005 con un álbum de título homónimo que confirmó lo hereditario de unas dotes para la interpretación recibidas tanto por vía paterna -Loudon Wainwright III- como materna -Kate McGarrigle-, ambos, como es bien sabido, ilustres folkies.

A nadie se le escapa que el interés concitado sobre aquel disco respondió en buena medida al parentesco de la protagonista, un gancho de doble filo con tantas ventajas -promoción automática- como inconvenientes -inevitables comparaciones-. Sin embargo, aun atraído por esa razón, el oyente no tardaba en comprobar que Martha Wainwright maneja elementos de sobra para, a partir de ahí, llamar la atención por sí misma. Entre éstos habrá que apuntar un sarcástico sentido del humor y una voz poderosa y versátil que se crece en los agudos provocando auténtico pasmo.

De lo primero, sin ir más lejos, da ya buena cuenta el propio título de esta segunda entrega, I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too, mientras que de lo segundo deja constancia a lo largo de sus trece cortes, doce originales más una sorprendente e inesperada versión de See Emily Play de Pink Floyd en la que colaboran su señora madre, su señora tía Anna McGarrigle y hasta una prima, Lily Lanken.

Bien surtido de ayudas instrumentales por parte de ilustres amistades -entre otros, Pete Townshend en You Cheated Me; Donald Fagen en So Many Friends y el hermano Rufus en In The Middle of The Night- y puesto en manos de un diverso espectro de productores -entre ellos, Tore Johansson, Martin Terefe y Brad Albetta, este último ex marido de la Wainwright, a quien el matrimonio le ha durado menos de lo que va de un disco a otro-, a I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too se le adivinan hechuras de gran disco, un perfil de apuesta a por todas con la comprensible intención de despejar el camino de la cantante y compositora de esas inevitables comparaciones a las que antes me refería.

De este envite sale Martha Wainwright reforzada y victoriosa, pues incluso cuando más recuerda a su hermano -la postrera I Wish I Were- despliega tal arsenal de recursos vocales que nos hace dudar sobre cuál de los vástagos de aquel otro matrimonio también mal avenido resultó más agraciado en el reparto de bienes. Y decir eso no es decir poco.

Aprovecho para recordarles el nombre de Martha Wainwright sonó con fuerza para la programación de Rock en el Central, Cánovas y Alhambra, pero que al final la cosa no pudo ser (lástima), y que mañana, si el tiempo y la autoridad lo permiten, tendremos por aquí a Rufus Wainwright. Les dejo con un vídeo de See Emily Play registrado en vivo. El sonido es malo, aunque la cuestión relevante es si se habrá aprendido ya la letra…

El pop de cámara de Sean O’Hagan

Blas Fernández | 1 de mayo de 2008 a las 11:09

Sean O’Hagan

Foto: Kev Hopper

“Empecé a escuchar a los Beach Boys desde una perspectiva artística a los 19 años. Claro que ya sabía de la música surf desde niño, pero el shock de Pet Sounds me llegó con 19″, evoca desde Londres Sean O’Hagan, líder de The High Llamas, cuando se le pregunta por uno de esos discos de onda expansiva aparentemente inextinguible. En cualquier caso, su banda, una de las propuestas más sugerentes en el cartel de la IV edición del South Pop Festival, que comienza hoy en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, no bebe sólo, faltaría más, de aquella obra magna. “Creo que Donald Fagen, a sus 57 años, es un hombre culto, muy culto, que podría porporcionarnos un buen discurso sobre música del siglo XX -afirma cuando se le interpela por otra influencia menos evidente, pero igualmente decisiva, Steely Dan-. Sostuvieron el espejo en el que se miraban sus contemporáneos y escribieron pop deslumbrante durante toda su carrera. Eso explica por qué los grupos de hip hop más cool todavía los samplean a saco”.

Pop deslumbrante es, a todo esto, una precisa descripción del trabajo llevado a cabo por The High Llamas a lo largo de casi dos décadas, una trayectoria que arranca a finales de los 80, cuando el irlandés O’Hagan abandona el grupo con el que ya obtuvo notable repercusión en el circuito independiente británico, Microdisney, para poner en pie algo completamente diferente. “Tomó su tiempo que el sonido surgiera, unos pocos años -explica-. Quería dejar atrás la noción moderna de rock’n’roll y crear una nueva música soul“.

High Llamas (1990), primer y único álbum firmado como Sean O’Hagan, perfilaba ya esa intención, pulida luego con acierto al convertir aquel título en el nombre de su nueva formación, que no tardaría en entregarnos un trabajo tan redondo como Gideon Gaye (1994), delicado y ensoñador tratado de pop suspendido en tramas orquestales que invita a sentarse tranquilo para disfrutar del paisaje y sus matices. Todo ello facturado, por cierto, mientras O’Hagan, versátil multinstrumentista, hacía doblete en uno de los grupos clave del rock experimental de los 90, Stereolab. “Recuerdo con agrado las primeras sesiones de discos como Space Age Batchelor Pad Music y Music for the Amorphous Body Study Center -comenta O’Hagan-. Estábamos de muy buen humor y nos sentíamos muy libres de hacer lo que quisiéramos. En cierto sentido, The High Llamas le cogimos prestado a Stereolab esa manera de hacer perezosa. Podría decirse que me sacó del mundo de Microdisney y me llevó al de The High Llamas”.

Colaborador asiduo desde entonces del grupo liderado por Tim Gane y Laetitia Sadier -muchos de los arreglos de Stereolab siguen llevando su firma-, O’Hagan ha trabajado también junto al primero en el campo de las bandas sonoras -entre ellas, La vie dâ’artiste, de Marc Fitoussi-. Sin embargo, su próximo proyecto fuera del grupo resulta a priori aún más llamativo, al tiempo que revela otra de sus grandes pasiones sonoras. “La música brasileña es algo muy importante en mi vida y en The High Llamas. Supuso el descubrimiento de un nuevo mundo para mí a partir de 1999, cuando realmente comencé a escucharla. Me encantan Marcos Valle, Lo Borges, Caetano Veloso, Gal Costa, Joao Gilberto, Jobim, The Tampa Trio… De hecho ahora estoy trabajando con Kamal Kassin en un disco que se titulará Kassin and Sean. Lo grabaremos en Río en junio”, avanza.

Los títulos junto a terceros se alternan con la discografía de The High Llamas, que tras la aparición de Gideon Gaye marcaría una línea ascendente -jalonada por álbumes tan deliciosos como Hawaii (1996) o Cold and Bouncy (1998)- con un importante punto de inflexión en Beet, Maize & Corn (2004), cuando la banda prescinde de la electrónica en favor de los sonidos orquestales reales. Pop de cámara en su máxima expresión. “Queríamos hacer una grabación que tuviera un sentimiento orgánico europeo (las cuerdas secas, las voces corales, armonías más extrañas…) y contrastarlo con esas baladas norteamericanas de los 50 con cuerdas reverberantes. Era una manera de sacar al oyente de lo que pensamos que ha llegado a ser un cliché, ese enredo de la electrónica fácil. Queríamos reinventar nuestro sonido y para ello prescindimos de la electrónica”, explica O’Hagan, quien reitera la fórmula con similar fortuna en la última entrega de la banda, Can Cladders (2007). La pregunta, claro, es cómo llevar todo eso al directo. “Simplemente, intentando capturar el espíritu con guitarra española, percusión, banjo, piano Wurlitzer, a veces vibráfono y, si es posible, cuerdas. Es caro y a veces nos resulta imposible llevarlas en vivo -dice-. Pero los grandes músicos brasileños, Caetano, Jorge Ben, Marcos Valle, tocan a veces sólo con la guitarra española…”.

The High Llamas actúa el sábado, en torno a las doce de la noche, en el South Pop Festival, que se celebra desde hoy en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Conciertos a partir de las 19:30 (hoy) y desde las 19:15 (mañana y el sábado). Más información aquí.

Ahí les dejo tres bonitos vídeos que he encontrado en YouTube…