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Duro, lento y fluido

Blas Fernández | 15 de septiembre de 2013 a las 5:00

Foto: Óscar Romero.

Foto: Óscar Romero.

“Fue hace un par de años viendo un concierto de Retribution Gospel Choir –explica el guitarrista Pablo Vinuesa sobre el origen de Tentudía–. A mi derecha estaba Pedro, al que había conocido hacía poco trabajando en Territorios. Teníamos muy buena onda, porque aunque es muy heavy, le gustan muchas otras cosas. Y a mi izquierda estaba Alberto, que es un colega del Puerto de toda la vida, pianista de carrera, con el que siempre había hablado de hacer algo juntos. Estábamos flipando los tres con Retribution, ni los había presentado, y de pronto me di cuenta de que éramos un guitarrista, un bajista y un teclista… ¡Un grupazo! Les propuse montar un grupo, pero un grupo de hombres, como Swans, como Neurosis… Aunque luego no nos salió tan bruto, porque somos buenas personas”.

Vinuesa, antaño en bandas como D4Insight y mercenario en una etapa particularmente oscura de Sr. Chinarro, llevaba casi una década alejado de los locales de ensayo cuando coincidió en aquel concierto del grupo paralelo de Alan Sparhawk (Low) con Alberto Trigueros y Pedro Román, este último curtido ya en formaciones como Monkeypriest y, además, tercera pata de un banco capaz de mantener en equilibrio a un sello local con vocación de riesgo, Knockturne Records. A partir de ahí, los acontecimientos no se precipitaron: los precipitaron ellos. “Debutamos el año pasado en el Monkey Week, grabamos una maqueta y ahora el disco… Y eso a pesar de que me frenan. Es normal, los otros son más jóvenes y yo tengo 37 años. ¡Quiero hacer las cosas ya!”, bromea Pablo.

Foto: Óscar Romero.

Foto: Óscar Romero.

El disco es el homónimo Tentudía, sexta referencia de Knockturne en sus escasos meses de vida, siete cortes instrumentales –con ocasionales y viscerales intervenciones vocales a cargo del propio Pedro y de otros notables invitados– que transitan con ánimo slowcore por las ruinas del post-rock a la busca de objetos sonoros que otros desecharon o desecharían. ¡Viva el post-jevi!, bromean en su cuenta de Twitter. “Obviamente, es una coña”, dice Pablo. “Es que estamos un poco en tierra de nadie. La gente más heavy lo mismo te dice no está mal, pero es flojito; y al que le gustan cosas más tranquilas te dice mira, esto se me va de las manos”, apunta Pedro. “Y luego está el sector que llamamos post-Toundra –comenta irónico Pablo en referencia al grupo madrileño, quizás hoy la cabeza más visible en España de ese heavy intelectualizado–, chavales muy jóvenes, muy post-hardcore, todos con equipos fantásticos y tocando estupendamente, para los que seguramente nosotros tocamos mal. Así que para los heavies somos unos moñas; para los indies, demasiado heavies; y para los post-Toundra, simplemente, tocamos mal”.

“De todas maneras –añade Pedro–, me está sorprendiendo que el disco también le guste a mucha gente del ámbito del metal, que es el que yo más controlo. Aunque parece que también gusta a gente de esa que dice que escucha de todo. La verdad, es un poco inquietante”. “Sí –interviene Pablo–, Alberto, que es ingeniero y ahora trabaja en una plataforma petrolífera, me mandó un correo el otro día diciéndome tío, toda la gente me cuenta que le gusta el disco, y eso no me da buena espina”.

Lo más interesante de esa tierra de nadie –territorio no inédito, pero sí aún con amplias extensiones vírgenes– es que en ella coinciden hoy músicos inquietos sin la rémora de los prejuicios estilísticos. “Creo que hay bandas de metal que han bebido mucho de otras cosas que no eran precisamente metal. Por ejemplo, Neurosis –explica Pedro citando otra vez a la veterana formación estadounidense–, que comenzó a finales de los 80 como un grupo hardcore, pero al que ya se le veía algo extraño. Hoy hay bandas como Isis o Pelican que beben de Neurosis, pero también de otros grupos. De hecho, Neurosis es de las primeras bandas de metal que citan influencias como Godspeed You! Black Emperor”. “Es interesante además traer esa reflexión hasta nuestro terreno –comenta Pablo–, porque estoy viendo en los locales de Sevilla a una generación de grupos nuevos que es… ¡¡¡uff!! Y es una generación que los que tenemos más edad no controlamos en absoluto. Tíos que tocan estupendamente. Igual para mí todavía no están haciendo cosas realmente interesantes, porque son muy chavales, pero viendo cómo tocan, cuando escuchen más música… De aquí a cinco o seis años nos van a dar sopas con honda”.

Foto: Óscar Romero.

Foto: Óscar Romero.

La suya, en cualquier caso, aspira a ser música “dura, lenta y fluida”, señalan como declaración de intenciones, aunque no precisamente de grupo de hombres. A la postre, otra broma: su baterista es Paula Castilla, también tras los tambores en otro grupo sevillano, Holland. “Nos pasamos varios meses tocando sólo los tres –recuerda Pablo– y luego, cuando la cosa comenzó a funcionar, tuvimos dos baterías. Pero en la prueba que le hicimos a Paula… ¡Ya se sabía las canciones!”.

Ella completa la formación que en el último año apretó el acelerador hasta alcanzar la meta, Tentudía, registrado apenas en un par de maratonianas sesiones en los Estudios La Mina de Raúl Pérez –“Todo lo bueno que se habla de él está completamente justificado”, dice Pablo–. En la primera jornada registraron en vivo ocho largos temas –uno se ha quedado en la recámara–; en la segunda hicieron sus aportaciones los invitados –gentes de Orthodox y Blooming Látigo, entre otros– y mezclaron. “Grabamos todos los temas en directo, sin claqueta, a excepción de uno –señala Pedro–. Y no era sólo una cuestión de presupuesto, que también, sino que pensamos que era la manera de conseguir lo que queríamos. Es difícil conseguir el sonido que buscamos grabando por pistas. Se puede aproximar, pero no es igual”.

Tentudía presenta Tentudía en Sevilla el próximo domingo 29, a las 19:00, en la sala D.F. Höllander (Polígono Calonge, Uranio 5). Entradas a 5 euros.

El mundo Gira

Blas Fernández | 6 de diciembre de 2012 a las 8:46

The Seer. Swans. Young God Records. Rock. 3LP / 2CD.

Brevemente reseñado ya, a la vuelta del pasado verano, en La Ventana Pop, The Seer llega al final de este agónico 2012 mostrando su vitola de álbum destacado del año con la misma violencia y acorde ferocidad que gasta el desafiante bicho de su portada, presto a enseñar sus afilados colmillos como inequívoca señal de advertencia al oyente aventurado.

“Es la culminación de cada álbum anterior de Swans, así como de cualquier otra música que yo haya hecho, en la que haya participado o haya imaginado”, apunta Michael Gira en unas notas introductorias al disco, cuyo proceso de gestación, al menos en un sentido metafórico, se habría dilatado pues tres décadas. Son las que distan entre el nacimiento de la abrasiva formación neoyorquina en plena eclosión post-punk -con Gira, claro como inamovible pivote entorno al cual gira tan singular discurso- y esta definitiva constatación de que su retorno en 2010 con My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky, tres lustros después de aparcar a los cisnes para firmar un reguero de discos con su propio nombre, nada tiene en común con esas a menudo sospechosas reapariciones al calor de tal o cual reivindicación entusiasta del pasado reciente.

Ni Gira permaneció inactivo ni My Father… (tampoco su secuela en directo, We Rose from Your Bed with the Sun in Our Head) supuso el habitual pretexto para retomar la carretera y hacer algo de caja, objetivo siempre legítimo, pero tantas veces también decepcionante. Al contrario, aquel álbum, con sus ocho cortes pletóricos de electricidad señalando el imponente estado de forma del veterano músico, bien pudiera ser leído hoy como un tanteo, un examen de las posibilidades de estos remozados y muy numerosos Swans, que convierten el escenario -y no a la inversa- en el laboratorio donde se ensayan muchas de las ideas que luego se registran en el estudio.

Desarrolladas “orgánicamente” por el grupo “en los ensayos y en la gira”, abunda Gira en torno a canciones como la homónima The Seer, 93 Ave. B Blues, Avatar o The Apostate, las once piezas del álbum crecen en consonancia con la ambición de su artífice por conseguir, más allá de un disco, una experiencia de inmersión sensorial completa. Lo consigue, si el oyente se presta al apabullante experimento, desde irrefutables presupuestos rock -la vanguardia de ayer suena hoy irremediablemente clásica, aunque sigue haciendo sangre-, buscando en la expansión de los tiempos el perfecto aliado que obliga al sujeto a aislarse del entorno y enfrentarse cara a cara con lo que suena -ya se ha resaltado en múltiples ocasiones que el corte que da título al disco supera los 32 minutos-.

También quedaría en mera anécdota la solícita colaboración de nombres tan atractivos para el melómano como los de Alan Sparhawk y Mimi Parker, de Low, Ben Frost, Karen O -la hermosa Song for a Warrior- o la mismísima Jarboe -inefable compañera de subidones y fatigas del propio Gira- si no fuera porque tan significativa lista, por sí misma, da buena cuenta de hasta qué punto la semilla de Swans arraigó en el vasto paisaje del rock contemporáneo y otras parcelas adyacentes.

Swans presenta The Seer el próximo domingo 9 en el Teatro Central de Sevilla (única fecha en Andalucía) a las 21:00. Entradas a 18 euros en venta anticipada y a 22 euros en taquilla.

Aquí le dejo un clip en directo (en versión corta) de The Apostate

http://vimeo.com/45729481

Siete discos a vuela pluma

Blas Fernández | 20 de septiembre de 2012 a las 7:22

En la imagen, Kieran Hebden (Four Tet).

La resaca veraniega arroja hasta estas costas un puñado de títulos notables. De la electrónica menos acomodaticia al rock visceral. Éstos son algunos de ellos.

Publicado a finales del pasado mes de agosto en descarga digital y con una edición en CD, en teoría, limitada al mercado japonés, Pink (Text) agrupa los tres maxis editados durante el último año por Four Tet -alias del simpar Kieran Hebden- bajo esa denominación y añade un par de piezas inéditas, Lion y Peace for Earth. Aún transitando por el camino abierto en su anterior largo, el fenomenal There is Love in You (2010), Hebden utiliza el house como vehículo y excusa para plantear bellas, inquietantes y, por lo general, largas incursiones en terrenos que, por asequibles, casi consiguen disimular su carácter decididamente experimental. Es electrónica con gusto por las texturas de apariencia natural, orgánica; pero lo mejor no es la piel, sino el ADN.

Mucho que se podría debatir en torno al supuesto carácter electrónico del turntablism, disciplina en la que Kid Koala nos ha dejado imponentes y numerosas muestras de una creatividad pasmosa. En 12 Bit Blues (Ninja Tune) viaja al pasado y se empapa de eso, de blues, aunque lejos de caer en un vicio insustancial antaño inherente a buena parte de esa misma escena, la de la electrónica, el canadiense Eric San rechaza de plano la idea de reconstruir géneros o estilos pretéritos bajo una estética presuntamente moderna. Justo al contrario, tira de una crujiente colección de añejos vinilos para cargar el sampler y los platos y facturar doce impecables y emocionantes cortes-collages. Cosa seria.

Permutando la visita al género por la excursión al territorio (éste, ciertamente común en la historia de la música durante el último siglo), el productor londinense Mark Lawrence, alias Mala y hasta la fecha mitad del dúo Digital Mystikz, realiza un viaje de ida y vuelta a Cuba para sumergir en presupuestos dubstep las grabaciones de campo realizadas en la isla junto al incansable aventurero sonoro Gilles Peterson, a la postre editor del álbum que nos ocupa a través su propio sello, Brownswood Recordings. Con las percusiones, físicas y virtuales, como robusto e inapelable armazón del invento, Mala in Cuba proporciona en su escucha otro periplo -en su caso, sensorial- en el que el oyente podrá adivinar una inédita Habana repleta de neblinosos callejones oscuros. No por imaginaria, desde luego, menos atractiva.

De un paisaje en penumbra parecía surgida Black City (2010), la oscura urbe habitada por las hipnóticas canciones, también con filiación electrónica, del tejano Matthew Dear. Algo de sol -tampoco demasiado, no se crea- se filtra ahora entre las vigas de sus edificios, el suficiente como para aliviar a Beams (Ghostly International) de la presumible atmósfera ominosa. Aquí los nuevos cortes inspiran con mayor ahínco ese otro aire que ya se respiraba en la entrega previa, se adaptan al formato de canción pop -en casos como el de la inicial Her Fantasy, de manera brillante e irresistible- al tiempo que gana peso el referente post-punk (dicho sea de paso, sin atisbo alguno de ánimo revivalista).

Siempre atento a su alrededor y, como atestigua su vasta discografía, predispuesto al trabajo conjunto como acicate y detonante de una nueva creatividad, el veterano David Byrne se une a Annie Clarke, alias St. Vincent, en Love This Giant (4AD), un álbum con hechuras, es un decir, de superproducción independiente -tres años de trabajo y una nómina de músicos capaz de llenar el foso de una orquesta- en el que la tejana parece encontrar el freno perfecto a su originario histrionismo -esa inclinación barroca que, para fortuna de todos, ya se diluía en Strange Mercy (2011)- y el escocés renace flamante, una vez más, al amparo de la sangre fresca. Sabiduría e ímpetu, espléndidos arreglos de metales y enormes canciones.

De arreglos majestuosos, de cómo conseguirlos, saben lo suyo Grizzly Bear. Con el precedente inmediato de un disco soberbio, Vecktimest (2009), y tiempo suficiente para planear la siguiente jugada conjunta -varios de sus integrantes andan en proyectos paralelos-, el grupo de Edward Droste, auténtico referente del rock contemporáneo y punto y aparte en la escena de Brooklyn -con todo lo que ello implica, que no es poco-, puso en circulación el pasado martes su cuarto álbum, Shields (Warp), definitivamente más comedido en sus timbres, en su despliegue armónico, y aún así -ya sabe: menos es más, aunque no siempre- tan arrebatado y atractivo como su predecesor. Otra ración de canciones inmensas (marchando).

Dejamos el final a la fiera, o lo que es lo mismo, a Michael Gira y sus resucitados Swans, nombre clave del post-punk original, vertiente árida e inclasificable, que tras protagonizar un inesperado y arrollador retorno el pasado 2010 se saca ahora de la manga este no menos sorprendente (y contundente) The Seer (Young God Records), un doble álbum abrasivo, con notables colaboraciones (Alan Sparhawk y Mimi Parker, de Low, Ben Frost y Karen O, entre otras) y una propuesta singular en forma de dilatados desarrollos (el tema que titula el disco supera los 32 minutos). A la primera da miedo, sí, pero compensa. Por cierto, lo presentarán en directo el día 9 de diciembre en el Teatro Central de Sevilla (concierto único en Andalucía).