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Mientras el cuerpo aguante

Blas Fernández | 27 de abril de 2014 a las 5:00

Foto: Lawrence Watson.

Foto: Lawrence Watson.

going_back_home_blogGoing Back Home. Wilko Johnson / Roger Daltrey. Chess / Universal. R&B / Rock. DD / CD / LP

Adelante y atrás, recorriendo por gracia de algún resorte oculto una línea recta e invisible. Malencarado, enchaquetado en un traje que podría pasar por el de otro tipo de una talla menor. Sí, ahí andaba, agarrando entre espasmos, con ansia de superviviente, el mástil de su guitarra. Como un Ahab vapuleado por olas y olas de sonido. Y no de cualquier sonido, no, sino de aquel correoso rhythm&blues británico en su posterior revisión setentera. Sí, claro, aquel pub-rock que retornó a la singular lectura londinense del género como reacción a los pretenciosos excesos de lo peor del rock sinfónico. Una purga necesaria, agradecida, que en su día anticipó el punk, su visceralidad cervecera, sus pies en la tierra, sus bofetadas de realidad. Nadie que tarde o temprano viera a Wilko Johnson, como integrante de Dr. Feelgood o en solitario, olvidaría jamás semejante estampa –fina estampa, caballero–, ésa que hoy ya se antoja fin de raza.

Pies de plomo en la resbaladiza cornisa del morbo: a John Peter Wilkinson (Canvey Island, Essex, 1947) le diagnosticaron cáncer de páncreas a comienzos del pasado 2013. Y las noticias del doctor no incitaban, precisamente, a sentirse bien. Diez meses. Un año a lo sumo.

¿La reacción del paciente? En resumen, que le den al cáncer. El viejo Wilko, ese hombre de muecas desquiciadas, anunció que seguiría tocando mientras las piernas lo sostuvieran a él y sus brazos siguieran sosteniendo la guitarra. ¿Y si viene Roger Daltrey a proponerte grabar un disco que repase algunas de las más señaladas canciones de tu carrera? ¿Qué vas a decirle? ¿Que no? ¿Que estás enfermo?

Estaríamos locos. Se arregla el asunto y, plisplás, se graba el álbum en una semana, que para eso están los amigos solventes, curtidos en mil y una batallas, como el bajista Norman Watt-Roy, el baterista Dylan Howe, el teclista Mick Talbot y el harmonicista Steve Weston. No es cuestión de apabullar, pero si sumamos currículos, la lista de participantes, entre unos y otros, lo consigue: la banda de Nick Lowe, los Blockheads de Ian Dury, Nick Cave, The Style Council, Dexys Midnight Runners… ¡Y The Who!

Tenemos las canciones, tenemos los músicos… ¿Qué tenemos? Resulta emocionalmente imposible desligar el contenido de Going Back Home de su triste origen, pero no se preocupe en exceso por ello: bastarán los primeros acordes del inicial corte homónimo –grabado por Dr. Feelgood en 1975 y aparecido en el álbum Malpractice– para certificar que, faltaría más, no nos enfrentamos a una melancólica despedida, sino a una vigorosa y rabiosa celebración de la vida vertiente mientras el cuerpo aguante. En otras palabras, que nos quiten lo bailao. ¿Pueden? No. Quizás sea lo único que no puedan.

Darling, you turned 21... Foto: Keith Morris.

Darling, you turned 21… Foto: Keith Morris.

Queda claro que, como la protagonista de Turned 21, Daltrey y Johnson ya no van a volver a cumplir esa cifra. Las capacidades técnicas quizás han mermado sutilmente a consecuencia de la inevitable erosión de la edad –la comparación con los originales puede resultar un entretenido juego para fatiguitas del asunto–, pero lo relevante no es si Daltrey adopta el papel de un juvenil Lee Brilleaux –el célebre vocalista de los Feelgood, con el que Johnson, es bien sabido, terminó a matar–. No lo pretende. Ni lo necesita. Hay tanta sabiduría acumulada en este disco, tanto amor por el R&B, por las ráfagas de crudo rock’n’roll servidas en las distancias cortas del bar, que la sincera dedicación, ese oficio que jamás se transforma en rutina, se sobrepone al paso del tiempo.

I Keep It To Myself, Keep On Loving You, Some Kind of Hero o, peligro, Everybody’s Carrying a Gun se deslizan así veloces y directas a través de un repertorio conciso y sin pretensiones de trascendencia, que acaba siendo tan trascendente en su significado extramusical como enigmática la decisión en la elección del único tema ajeno: una robusta versión de Can You Please Crawl Out Your Window de Bob Dylan. Se sienta en su habitación, su tumba, con un puño de tachuelas… Venga lo que venga a buscarlo, Wilko Johnson lo recibirá como se merece.

Martha Wainwright, cuestión de herencia

Blas Fernández | 29 de mayo de 2008 a las 12:46

Martha Wainwright Foto

MW Cover

I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too
Martha Wainwright
Drowned in Sound / Nuevos Medios. Pop. CD

En unas coordenadas estilísticas similares a las de su célebre hermano mayor, Rufus Wainwright, a quien además acompañó sobre los escenarios durante bastante tiempo, Martha Wainwright debutó en largo el pasado 2005 con un álbum de título homónimo que confirmó lo hereditario de unas dotes para la interpretación recibidas tanto por vía paterna -Loudon Wainwright III- como materna -Kate McGarrigle-, ambos, como es bien sabido, ilustres folkies.

A nadie se le escapa que el interés concitado sobre aquel disco respondió en buena medida al parentesco de la protagonista, un gancho de doble filo con tantas ventajas -promoción automática- como inconvenientes -inevitables comparaciones-. Sin embargo, aun atraído por esa razón, el oyente no tardaba en comprobar que Martha Wainwright maneja elementos de sobra para, a partir de ahí, llamar la atención por sí misma. Entre éstos habrá que apuntar un sarcástico sentido del humor y una voz poderosa y versátil que se crece en los agudos provocando auténtico pasmo.

De lo primero, sin ir más lejos, da ya buena cuenta el propio título de esta segunda entrega, I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too, mientras que de lo segundo deja constancia a lo largo de sus trece cortes, doce originales más una sorprendente e inesperada versión de See Emily Play de Pink Floyd en la que colaboran su señora madre, su señora tía Anna McGarrigle y hasta una prima, Lily Lanken.

Bien surtido de ayudas instrumentales por parte de ilustres amistades -entre otros, Pete Townshend en You Cheated Me; Donald Fagen en So Many Friends y el hermano Rufus en In The Middle of The Night- y puesto en manos de un diverso espectro de productores -entre ellos, Tore Johansson, Martin Terefe y Brad Albetta, este último ex marido de la Wainwright, a quien el matrimonio le ha durado menos de lo que va de un disco a otro-, a I Know You’re Married But I’ve Got Feelings Too se le adivinan hechuras de gran disco, un perfil de apuesta a por todas con la comprensible intención de despejar el camino de la cantante y compositora de esas inevitables comparaciones a las que antes me refería.

De este envite sale Martha Wainwright reforzada y victoriosa, pues incluso cuando más recuerda a su hermano -la postrera I Wish I Were- despliega tal arsenal de recursos vocales que nos hace dudar sobre cuál de los vástagos de aquel otro matrimonio también mal avenido resultó más agraciado en el reparto de bienes. Y decir eso no es decir poco.

Aprovecho para recordarles el nombre de Martha Wainwright sonó con fuerza para la programación de Rock en el Central, Cánovas y Alhambra, pero que al final la cosa no pudo ser (lástima), y que mañana, si el tiempo y la autoridad lo permiten, tendremos por aquí a Rufus Wainwright. Les dejo con un vídeo de See Emily Play registrado en vivo. El sonido es malo, aunque la cuestión relevante es si se habrá aprendido ya la letra…