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Tindersticks, para abrir boca

Blas Fernández | 23 de octubre de 2012 a las 7:09

Tindersticks, durante un concierto en Málaga en 2009. / Foto: Victoriano Moreno

La última visita de Tindersticks a Sevilla, en 2010 dentro de la programación del festival Territorios, hizo recordar a los espectadores más veteranos otro concierto local de la banda británica en condiciones bastantes más ventajosas. Fue aquél con el que en 1998 se inauguró el ciclo Pop-Rock en el Central, responsable de tantas y tan buenas actuaciones a lo largo de estos tres lustros en el teatro de la Isla de La Cartuja.

En efecto, la música de Tindersticks brilla más en las distancias cortas y los espacios cerrados, y si en aquella ocasión el grupo llegaba tras encadenar, bandas sonoras y directos al margen, tres discos memorables –el homónimo Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997), los responsables directos de su inmediata proyección como uno de los nombres señalados en la escena del rock independiente de la década–, no es menos cierto que ahora, después de superar un largo parón discográfico, sobrevivir a notables cambios en la formación –la salida de Dickon Hinchliffe, puntal de la banda, tras Waiting For The Moon (2003)– y dejar momentáneamente atrás los intentos en solitario –el inconfundible vocalista Stuart Staples aprovechó el lapsus para publicar dos recomendables álbumes bajo nombre propio, Lucky Dog Recordings 03-04 (2005) y Leaving Songs (2006)–, el grupo vuelve a presentar un aspecto inmejorable certificado tras otra triada de títulos algo más que notables.

Este inesperado reprise tomó forma con The Hungry Saw (2008), continuó un par de años después con el estupendo Falling Down a Mountain y se cierra, hasta el momento, con The Something Rain, publicado a comienzos del año en curso. Staples (voz y guitarra), David Boulter (teclados), Neil Fraser (guitarra), Dan McKinna (bajo y teclados) y Earl Havin (batería) siguen manejando como pocos las claves de una propuesta emparentada con cierta corriente, telúrica y subterránea, que recorre la historia del pop –con Scott Walker como santo patrón– y que fía sus bazas a la tensión y a la emoción. Para demostrarlo en vivo, y como ya adelantó este blog a finales del pasado mes de mayo, vuelven esta misma noche al Teatro Central, que con su concierto celebra, además, el inicio de la nueva temporada.

Tindersticks. Hoy a las 21:00 en el Teatro Central. Entradas a 25 euros en taquilla. En venta anticipada, a 22 euros.

Tindersticks vuelve al Central

Blas Fernández | 28 de mayo de 2012 a las 11:40

Si la pasada semana saltaba la estupenda noticia del concierto de Los Evangelistas, el próximo 29 de septiembre en el Teatro Central, dentro de la programación de la Bienal de Flamenco -una de las contadas ocasiones, hasta la fecha, de escuchar en directo su imponente Homenaje a Enrique Morente-, ésta se inicia con el anuncio de otra cita de interés en el mismo escenario para poco menos de un mes después: Tindersticks volverá al escenario de la Isla de la Cartuja el martes 23 de octubre.

Se da la circunstancia de que la banda británica, liderada por Stuart Staples, fue hace ahora catorce años el plato fuerte de la primera edición del Pop-Rock en el Central, el ciclo que durante todo este tiempo ha ido proponiendo en Sevilla conciertos que, al menos en origen, hubieran tenido difícil encaje en un cartel de iniciativa privada. La situación, es evidente, ha cambiado mucho, hasta el punto en que hoy en día buena parte de los conciertos de rock que el Central ofrece  son fruto de la colaboración entre dicho espacio escénico y promotoras privadas. Una inesperada consecuencia de la crisis, y sus así argumentados recortes en los presupuestos culturales, que sacaron a Pop-Rock en el Central de su tradicional corralito al final de la temporada para expandir su radio de acción durante todo el año. La actuación de Tindersticks, además, se llevará a cabo en plena celebración del vigésimo aniversario del teatro, lo cual aporta un plus simbólico a esta nueva cita.

También Tindersticks ha cambiado, desde luego. En 1998 la banda de Nottingham había encadenado tres discos fenomenales -Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997)-, amén de iniciar una fructífera colaboración en forma de bandas sonoras con la cineasta gala Claire Denis, que con sobrados argumentos la convirtió en uno de los nombres imprescindibles de la escena idependiente de la época.

Con obvios referentes en la obra de Scott Walker, también en Leonard Cohen y en Lee Hazlewood, entre tantos otros, Tindersticks proponía un denso, elegante y a menudo hipnótico repertorio en el que la singular voz de Staples, grave y premeditadamente temblorosa, porfiaba el protagonismo a los esplendorosos arreglos del violinista Dickon Hinchcliffe. Así los vimos por aquí en aquella ocasión, en el que podría ser considerado el momento más dulce de su primera etapa.

Luego llegaron más discos notables -Simple Pleasure (1999), Can Our Love (2001) y Waiting for the Moon (2003)-, pero también señales de agotamiento: Stuart Staples iniciaba carrera en solitario bajo su propio nombre (hasta ahora coronada con dos títulos) y Tindersticks parecía pasar a la historia.

Sin embargo, cinco años después, tres de los componente originales de la formación -Staples, el teclista David Boulter y el guitarrista y vibrafonista Neil Fraser- retomaban la actividad con un álbum, The Hungry Saw (2008), que los mostraba de nuevo en plena forma. En 2010, el año de la publicación del no menos recomendable Falling Down a Mountain, volvimos a tenerlos en Sevilla como parte de la programación de Territorios Sevilla, aunque el de festival al aire libre no sea precisamente el formato que mejor se ajusta a su propuesta.

Recientemente, el pasado mes de febrero, la banda ponía en circulación su noveno álbum en estudio, The Something Rain, otro disco que persevera en las claves manejadas por el grupo a lo largo de toda su trayectoria -intensidad y lirismo a partes iguales, picando del rock y del jazz, apuntando maneras propias del pop de cámara- y que será el que presenten sobre las tablas del Central.

Ahí le dejo el clip de Medicine

…y el de A Night So Still, ambas canciones de The Something Rain.

Sobrios y vehementes (Territorios 2010, viernes 4)

Blas Fernández | 5 de junio de 2010 a las 17:37

Pony Bravo, durante su actuación en Territorios. Foto: Belén Vargas

Pony Bravo, durante su actuación en Territorios. Foto: Belén Vargas

No es el escenario adecuado. No es el repertorio idóneo. La gente no se calla y el permanente murmullo ahoga esos detalles tan consustanciales a la música de Tindersticks.

Servidor escucha estos y otros argumentos con una oreja mientras que la otra se centra en la dificultosa tarea de percibir y extraer de las canciones de Stuart Staples esas emociones tantas veces experimentadas con sus discos y, en alguna ocasión memorable, en la cercanía de un teatro.

No es una misión imposible, pero casi, y el repertorio escogido, en efecto, no ayuda. Tindersticks no es una banda de festival, ni tampoco parece dispuesta a hacer las concesiones necesarias, aunque recursos le sobran, que podrían capturar y retener la atención del público, de su público.

El reformado grupo inglés está en su irrenunciable derecho, pero así no levanta el vuelo un concierto que, en otras circunstancias, tendría una lectura bien diferente.

Y mientras los de Nottingham están a lo suyo en el escenario Tres Culturas, en el Cruzcampo Pony Bravo se reviste de sobriedad para certificar –y van…– el trote firme de una galopada con vocación de largo recorrido. Esta vez no sacan a Curro, la mascota de la Expo; no hay intermezzos de esos que muestran la vertiente empírica de la banda sevillana ni proyecciones para reforzar la experiencia. Sólo hay música: el conocido repertorio de un primer álbum convertido ya en pequeño clásico local –y quién sabe…–, desplegado con inapelable soltura, y el anticipo de esas canciones que esperan su turno en el estudio de grabación, incluida a modo de colofón La rave de Dios, con su subidón tan Underworld.

Como hay que elegir, servidor se queda sin ver a Maika Makovski –animal de escenario, confirman quienes sí disfrutan de su contundente directo– y se enfrenta luego al dilema de escoger entre la certeza y la curiosidad.

Los Planetas se dan un baño de masas –relativo, la afluencia de espectadores no parece mucho mayor que la del día anterior, algo más de media entrada– manejando con habilidad su incontestable repertorio de hits generacionales y exploraciones jondas en un concierto extenso y extenuante.

Pero en el pequeño escenario CAAC, bautizado ya extraoficialmente como escenario Nocturama –una provechosa marca de la que el propio CAAC no parece muy consciente: habrá menos actuaciones este verano como consecuencia de nuevos recortes en el presupuesto del ciclo–, los madrileños Nudozurdo explican con vehemencia el porqué de su ascenso entre la afortunada maraña de grupos de rock nacionales con el español como idioma.

Lo ominoso de sus letras, esos inquietantes rincones oscuros donde se agazapan fantasmas más que reconocibles, se conjuga sobre las tablas con bien medidas dosis de fiereza y control, electricidad domeñada que amaga con desbordarse y termina haciendo saltar por los aires el muro de contención en canciones tan enormes como El hijo de Dios.

En el Cruzcampo Hendrick Weber se pone duro, deja a un lado las sutilezas de su último y recomendable trabajo como Pantha du Prince, el fantástico Black Noise, y apuesta con resolución por un energético continuum por completo ajeno en fondo y forma al universo paralelo en el que para entonces habita el escenario Tres Culturas.

Rinôçérôse fue, hace ya muchos, muchos años, un interesante y divertido cruce entre la métrica house y el riff rockista. Lo de los galos llegó a tener cierta enjundia, sí, pero hoy la cosa ha cambiado y es el efectismo lo que prima sobre cualquier otra consideración. Como fin de fiesta pedestre no está mal, aunque tampoco cabe esperar mucho más .

Siete razones para visitar Territorios

Blas Fernández | 3 de junio de 2010 a las 9:46

En la imagen, Mulatu Astatke

En la imagen, Mulatu Astatke

Recortes en el presupuesto, con la consiguiente reducción de la programación, y no pocos problemas en la ubicación del festival han limitado el cartel de Territorios en su XIII edición a una oferta de tres días, desde hoy y hasta el próximo sábado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, con una media de nueve conciertos por jornada –mañana serán diez–.

Sin embargo, ese mismo cartel ofrece sobradas razones a muy diversos tipos de público para acercarse al festival. Y de entre todas las combinaciones posibles –podrían haber sido otras: atención a Soul Jazz Records Sound System, Maika Makovski y Griffi & DJ2D2, por ejemplo–, La Ventana Pop se queda con estas siete.

MULATU ASTATKE & THE HELIOCENTRICS.
Multinstrumentista con especial predilección por el vibráfono, Mulatu Astatke (Jimma, Etiopía, 1943) es hoy leyenda viva. Representante de la segunda generación de músicos africanos abducidos por las sonoridades del jazz y sus ramificaciones caribeñas –un fascinante viaje de ida y vuelta nunca suficientemente ponderado–, se formó en Londres, Nueva York y Boston y a caballo entre los últimos 60 y los primeros 70 dejó para la historia varios títulos capitales, fundacionales, de aquello que ha venido en llamarse ethio-jazz: ecos locales y orquestaciones globales con guiños que abarcan del son al funk. Los volúmenes 1 y 2 de Afro-Latin Soul (1966), Mulatu of Ethiopia (1972) y Ethio Jazz (1974) eran ya objetos de culto reducido cuando la cuarta entrega de la serie Ethiopiques (Ethio Jazz & Musique Instrumentale, 1969-1974) y la banda sonora de la película Broken Flowers, de Jim Jarmusch, relanzaron su carrera en Occidente, coronada hasta la fecha con el subyugante álbum Mulatu Steps Ahead (2010). Hoy a las 01:00 en el escenario Cruzcampo.

TINDERSTICKS. El abandono de parte de la formación en 2006 –entre otros salió un componente básico, Dickon Hinchliffe, arreglista de la banda– hizo temer por la continuidad de uno de los grupos británicos más relevantes y personales de los 90. Afortunadamente, The Hungry Saw (2008) y, aún más, el reciente Fallig Down a Mountain (2010) han corroborado que la intensidad de Tindersticks sigue intacta. Lo que se dice un valor seguro. Mañana a las 22:30 en el escenario Tres Culturas.

LOS PLANETAS. La leyenda del espacio (2006) marcó el punto de fuga: la banda granadina se inspiraba en palos jondos para protagonizar un acercamiento inédito al flamenco por parte del indie-rock. El epé Cuatro palos (2009) continuaba por la misma senda con leves variaciones, concretadas en la reasimilación de postulados estéticos heredados, entre otros, del kraut-rock. Justo lo que desvela su último trabajo, Una ópera egipcia (2010), ya no tan sorprendente, pero todavía fascinante. Mañana a las 00:15 en el escenario Tres Culturas.

PONY BRAVO. Si bajo de espalda no me da miedo (y otras historias) (2008) perfiló al menos un par de objetivos claros en el argumentario de la banda sevillana: uno, la voluntad ferréa de perseguir un estilo propio, un sonido original pese a lo reconocible de sus deudas; dos, la tozuda inclinación por hacerlo al margen de los cauces habituales, usando con habilidad las posibilidades tecnológicas a su alcance para mostrar al respetable el mucho talento condensado en el cuarteto. En el lamentablemente desaparecido ciclo Rock en el Central nos mostraron el pasado año algunas de las enormes canciones que conformarán su segundo álbum, ése que, consumado ya el proyecto paralelo Fiera, miles de seguidores esperan con oídos hambrientos de nuevas sensaciones. Mañana a las 23:30 en el escenario Cruzcampo.

NUDOZURDO. Otra sensación acrecentada por obra y gracia del boca a boca virtual. El entonces trío madrileño grabó en 2002 un primer álbum, hoy codiciada pieza, fruto de su victoria en otro de tantos pequeños concursos. No pasó nada, hasta que en 2008, con una formación completamente renovada y en la que sólo permanecía el indiscutible líder de la banda, Leopoldo Mateos, el grupo registró una segunda entrega, Sintética, arrollador compendio de oscuras influencias ochentistas que explotan en directo con la energía y persistencia de un volcán islandés. Mañana a las 00:30 en el escenario CAAC.

PANTHA DU PRINCE. Diamond Daze (2004) y The Bliss (2007) ya avisaron de la idoneidad de seguir la pista a los pasos del alemán Hendrick Weber, una apuesta saldada con creces tras la publicación, a comienzos de este año, de Black Noise. Amparado en una coartada conceptual –el ruido negro sería el aviso que advierte a los animales de la inminencia del desastre–, Weber teje un hipnótico tapiz electrónico permanentemente mecido entre la robustez del techno-house y la ensoñación ambient. Un entramado, por cierto, en nada ajeno al de ilustres precedentes de la era psicodélica en su vertiente más marciana. Mañana a las 02:20 en el escenario Cruzcampo.

PUBLIC ENEMY. Vale: sus mayores e indiscutibles logros quedan bastante lejanos y barbaridades de ésas que rehacen nuestra percepción del concepto música popular –It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back (1988), Fear of a Black Planet (1990) o Apocalypse 91…The Enemy Strikes Black (1991)– llevan ya más de una década entre nosotros manteniendo imbatibles su condición de clásicos insuperables. Pero de que Chuck D sigue en buena forma deja pruebas un título todavía tan reciente, y lúcido, como How You Sell Soul to a Soulless People Who Sold Their Soul? El sábado a las 00:20 en el escenario Tres Culturas.

Más sobrio (pero majestuoso)

Blas Fernández | 8 de febrero de 2010 a las 13:18

Tindersticks_b

Falling_cover

Falling down a mountain. Tindersticks. Constellation / Popstock! Rock. LP / CD

El aspecto positivo de una crisis, es cosa sabida, es la posibilidad de salir reforzado de ella. Algo así le ocurrió a Tindersticks con el abandono de tres de sus componente básicos -entre ellos Dickon Hinchliffe, responsable de los arreglos- en 2006. Si dos años después The Hungry Saw demostraba que Stuart Staples, David Boulter y Neil Fraser iban por el camino correcto, Falling Down a Mountain, quizás su mejor disco desde Curtains -palabras mayores- consigue la pirueta de afrontar la nueva etapa con mayor sobriedad pero sin perder majestuosidad. Y añádale a eso un repertorio enorme.

Ahí les dejo el clip de Black Smoke…

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